jueves, 25 de julio de 2013

Anton van Leeuwenhoek: "Glorificar al Señor y Creador del Universo"


"... El oído que oye y el ojo que ve, 
Ambos los ha hecho el SEÑOR."
(Proverbios 20:12)


Anton van Leeuwenhoek  (1632 –1723) fue un científico holandés, considerado como el precursor de la biología celular y a menudo llamado "el padre de la microbiología" por sus estudios en este campo.


Se le considera el primer microbiólogo, y es recordado por sus descubrimientos, como el primer científico en observar y describir los organismos unicelulares (o microorganismos), a los cuales nombró incialmente como "animalillos". En 1676, describió el hallazgo de organismos tan diminutos  que "diez mil de estos seres vivos apenas podrían ser iguales a la masa de un grano de arena grueso."

Entre sus mayores descubrimientos se incluyen:

1) Los organismos infusorios (rotíferos y protistas) en 1674. 
2) Las bacterias (por ejemplo, las Selenomonas de la boca humana) en 1676
3) La vacuóla de las células
4) Los espermatozoides, en 1677
5) y Las bandas de las fibras musculares, en 1682.

Anton también fue el primero en registrar las observaciones microscópicas del flujo sanguíneo de las células en los capilares (o vasos sanguíneos pequeños), y es muy reconocido por sus mejoras importantes a los microscopios. Él mismo llegó a realizar más de 500 lentes ópticos y fabricó al menos 25 tipos de microscopios diferentes.

Al igual que Robert Boyle, John Ray, Carlos Lineo y otros biólogos prominentes, Anton tenía una inclinación a glorificar a Dios y beneficiar a la humanidad a través de su investigación; hecho que se hizo notorio en tanto que entrelazaba en sus escritos exclamaciones sobre la grandeza y la sabiduría de Dios, quien aseguraba, había creado las maravillas que veía a través de sus lentes.

Su postura en contra del mito de la generación espontánea también era una defensa de la doctrina bíblica de la Creación contra materialismo incipiente que había impulsado a Robert Boyle a establecer sus famosas conferencias. El microscopista neerlandés creía que era una tontería pensar que los animalillos se hubieran formado por casualidad, y trabajó diligentemente para demostrar que todas las cosas se reproducen según su especie, tal como se enseña en el libro de Génesis.  Su apologética y la biogénesis en sus creencias contribuyó a sentar argumentos contra la generación espontánea que Louis Pasteur refutó definitivamente en la década de 1800.

Leeuwenhoek logró aportar pruebas en contra de la falsa doctrina de la generación espontánea, convencido por sus observaciones del ciclo de vida de las hormigas, pulgas, mejillones, anguilas, y otros insectos, que todos los organismos tienen padres puesto que "la vida sólo puede provenir de la vida".

A pesar de que no era un científico universitario, sino un comerciante de alimentos, Anton fue activo y reconocido en vida por sus estudios científicos, y su interés por el conocimiento lo mantuvo mirando a través de los microscopios hasta el tiempo de su muerte, a la edad de 91 años.
Ya que la mayoría de las fuentes biográficas tienden a centrarse en sus logros experimentales, no hay muchos detalles que conozcamos sobre la fe de Anton, sin embargo, sus escritos científicos están repletos de alusiones a Dios, lo que es notable en la colección de Trabajos Selectos que Samuel Hool compiló en 1800. 

Algo de lo que sabemos es que fue criado en la tradición de la Iglesia Cristiana Reformada Holandesa, que tenía un alto concepto de la Escritura y firmeza en la salvación en Jesucristo, una firme doctrina de la Creación de Dios. De su religión, Richard Westfall de la Universidad de Indiana, escribe que "él fue bautizado y enterrado en iglesias calvinistas, y su esposa era hija de un ministro calvinista ". Schierbeek observa que "sus obras están llenas de su admiración por la Creación y el Creador, un tema que se encuentra con frecuencia en los escritos de este período, y obtener en un mejor conocimiento de la creación, los hombres querían estar más cerca del Creador, una convicción que se encuentra entre muchos de los primeros miembros de la Royal Society. "(Schierbeek, p. 200).

Para este científico cristiano, la asombrosa variedad de las pequeñas formas de vida revelaba debajo de sus lentes un Dios glorificado tanto como las estrellas más brillantes, un Creador que el mismo Leeuwenhoek consideraba el verdadero padre de la microbiología.

Su fe en Dios

Leeuwenhoek afirmó que el Diseñador Inteligente había formado las maravillas que estaba viendo a través de su microscopio (Gillen 2007). Después de otra notable serie de experimentos sobre rotíferos, en 1702, concluyó
"Los tipos de experimentos anteriores que he repetido muchas veces con el mismo éxito, y, en particular, con algunos de los sedimentos que se han mantenido en mi estudio durante unos cinco meses. . .  
De todas estas observaciones, podemos discernir más claramente la perfección incomprensible, el orden exacto y el inescrutable cuidado providencial, con el que el más sabio Creador y el Señor del universo ha formado los cuerpos de estos animalillos, que son tan diminutos que escapan a nuestra vista, a fin de que las diferentes especies de ellos pueden conservar su existencia.
Y es esta maravillosa disposición natural, respecto a estos animalillos para la preservación de sus especies, la que al mismo tiempo nos llama la atención con asombro; seguramente debe de convencer a todos de lo absurdo [que son] las viejas opiniones de que los seres vivos pueden ser producidos a partir de la corrupción de la putrefacción." (citado también en Schierbeek 1959 p. 171).
Después de trabajar durante semanas observando la propagación de los insectos, Leeuwenhoek estaba sorprendido al ver la complejidad con la que el Creador había construido incluso a las células más pequeñas, y así, declaró confiadamente: 
"Esto debe verse [como algo] maravilloso, y debe ser una confirmación del principio de que todos los seres vivos deducen su origen de aquellos que estaban formados desde el Principio." (Dobell, 1932; Schierbeek, p. 137)
"Pongamos la mano en nuestra boca, y reflexionemos que Aquél que es todo sabio ha considerado esto necesario para la reproducción de todo lo que ha recibido movimiento y crecimiento, y así, el porqué y el para qué los podemos indagar después." (citado en Schierbeek, p. 31).
En otra ocasión, Leeuwenhoek realizó experimentos sobre el crecimiento de los granos de las plantas, y llegó a las siguientes conclusiones:
 "De todas estas observaciones podemos asegurar completamente que el calor y el agua, por sí mismos, promueven el crecimiento de las plantas. Y también, que Dios, el Creador todo sabio del universo, no crea ninguna nueva especie en la Tierra, sino que, desde el Principio, el ordenó y constituyó todas las cosas con tal de que, su Creación, siendo perfecta, las semillas de las plantas, cuando estén maduras, produzcan o contengan en sí mismas (a pesar de no llegue a descubrirse por nosotros) la parte o [retoño] vegetativo de una futura planta, la cuál, a su debido tiempo será producida, y que en todo se refleja en conformación a la planta original. Y esto, considero como una verdad que prevalece no sólo en las plantas, sino en todas las criaturas vivientes existentes."
[Extracto original: "...The all-wise Creator of the universe, does not create any new species of Things on this Earth... but at the Beginning, He constituded all things..."]
"Cuando tenemos en cuenta debidamente esta mano de obra perfecta del Artista Divino, debemos confesar, que esas cosas que descubrimos por los microscopios y la industria no son sino como una sombra de las que hasta ahora permanecen ocultas a nosotros, no sólo en animales tan pequeños como estos que están en consideración, sino también en los animales más grandes, y en las plantas.
Es de esperarse entonces, que las indagaciones sobre las obras de la naturaleza, buscando más y más en sus misterios ocultos, pondrán cada vez más y más descubrimientos de la verdad ante los ojos de todos, para que se produzca la aversión a los errores épocas pasadas, a lo cuál todos los que aman la verdad deben diligentemente dirigirse. 
Porque nosotros no podemos de ninguna manera glorificar mejor al Señor y Creador del Universo más que, en todas las cosas, por pequeñas que siempre parezcan a nuestros ojos, las cuáles han recibido el don de la vida y poder para aumentar, contemplemos la manifestación de Su Omnisciencia y Perfecciones con la mayor admiración" (p. 314). [Antoni van Leeuwenhoek, Samuel Hoole, (1800), The Select Works of Antony Van Leeuwenhoek, Containing His Microscopical Discoveries in Many of the Works of Nature, Volumen 1, G. Sidney.]

Bibliografía:

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