jueves, 30 de octubre de 2014

Samuel Vince: Ley de la naturaleza, Ley de Dios

El Rev. Samuel Vince (1749 - 1821) fue un célebre matemático, astrónomo, físico, filósofo natural y clérigo originario de Inglaterra. Fue considerado un influyente profesor de ciencia matemática experimental y teórica en la Universidad de Cambridge y, a la par de su trabajo intelectual, fue un Reverendo anglicano que escribió excelentes tratados a favor del cristianismo, y una defensa de la creencia en milagros divinos.

Nacido en una familia humilde, como el hijo de un yesero, Vince no tenía grandes oportunidades de alcanzar grandes logros científicos, sin embargo, desde su juventud fue destacado admitido como becario en el Colegio Caius de Cambridge en 1771. 

En 1775, Vince fue elegido como "Senior Wrangler", una posición que entonces era considerada como "el mayor logro intelectual alcanzable en Gran Bretaña." Ese año recibió el premio "Smith's Prize" en reconocimiento a sus investigaciones de física teórica y matemáticas aplicadas. En 1778, ganó su título universitario en el Sidney Sussex College de Cambridge, y un año después se ordenó como clérigo. Por si fuera poco, fue galardonado con la prestigiosa Medalla Copley en 1780.

Duranta la segunda mitad de su vida, hasta al día de su muerte, Vince ocupó dos puestos importantes en la ciencia y la religión,  trabajando desde 1796 como Profesor Plumian de Astronomía y Filosofía Experimental en Cambridge, y desde 1809, predicando con el puesto eclesiástico de arcediano en la Iglesia de Inglaterra, en la provincia de Canterbury.

Como miembro de la Royal Society, el londinense dio discursos en esta organización científica, y, como autor, Vince escribió libros monumentales que le hicieron ganar una gran influencia entre los principales grupos científicos y académicos de su época:
"Samuel Vince fue perfectamente el astrónomo teórico destacado de su época. Siendo Profesor Plumian de Astronomía en Cambridge, sus libros y clasificaciones eran la autoridad máxima en esos días." (Wood, 2011:309)
Entre sus obras astronómicas se encuentra Una investigación sobre los Principios progresivos y Rotatorios de movimiento (1780)Sobre la precesión de los equinoccios (1787) Un tratado de astronomía práctica (1790), Principios de la Astronomía (1799), Sistema Completo de Astronomía (1814), y Los Elementos de la Astronomía (1816). Mantenía también correspondencia con William Herschel, otro excelente astrónomo y creyente intelectual. Sus cartas con Herschel se guardan en la Real Sociedad Astronómica (Jungnickel, 1999:590).

En las matemáticas, Vince fue un experto en álgebra y en los números imaginarios. Escribió Un nuevo método de investigación de las sumas de series infinitas (1782), Un nuevo método para encontrar funciones continuas (1786) fue coautor de El compañero de viaje matemático del caballero (1801), escribió Sobre ciertas propiedades de los números (1815), Dos pruebas de la teorema binomial (1815), y publicó cuatro volúmenes de Un tratado sobre trigonometría plana y esférica (1800; 1805, 1810, 1821), donde explicaba, entre otras cosas, la naturaleza y el uso de los logaritmos.

Trazos de Los elementos
de las secciones cónicas
En el campo de la física escribió una lectura preparatoria para la obra de Isaac Newton, titulada Los elementos de las secciones cónicas (1781), Sobre el movimiento de los cuerpos afectados por fricción (1785) Observaciones sobre la Teoría del Movimiento de la Resistencia y de Fluidos (1795) el Apéndice de la Hidrostática (1796), los Principios de la Hidrostática (1800, 1829), Observaciones sobre las hipótesis que se han asumido para dar cuenta de la causa de la gravitación de principios mecánicos (1806) en donde rechaza el materialismo , y Un tratado sobre fluxiones (1818). Además redactó Un plan de un curso de lecturas sobre los principios de filosofía natural (1793), Los fundamentos de un curso de conferencias sobre filosofía experimental, compuesto de todos los principios fundamentales de la mecánica, la hidrostática y la óptica, con una explicación sobre la construcción y el uso de todos los instrumentos principales en astronomía, junto al magnetismo y la electricidad (1797). Aunque admiraba la obra de Newton, Vince cuestionaba la teoría corpuscular de la luz y se inclinaba a pensar, correctamente, que la luz no es sujeta a las leyes del movimiento. No obstante, en 1806, Vince argumentó en contra del materialismo de Pierre-Simon Laplace, insistiendo en que los astrónomos franceses debían "regresar a Newton e interpretar la gravitación como el resultado de la acción divina directa." (Cantor, 2006:622).

En el campo de la teología y religión, Vince pronunció dos discursos especiales la Universidad de Cambridge, publicados como La credibilidad del cristianismo reivindicada, en respuesta a las objeciones de Hume (1798), Un Refutación de ateísmo a partir las leyes y la Constitución de los cuerpos celestes, en Cuatro Discursos predicados previamente en la Universidad de Cambridge (1807), La credibilidad reivindicada de los milagros de la Escritura (1809) Sobre las divisiones entre cristianos, una acusación, entregada al clero del Arcedianato de Bedford, al que se le agregan advertencias contra el ser engañados por las interpretaciones unitarias de la Escritura (1810) y Observaciones sobre el deísmo (1845), donde criticaba el unitarismo y el deísmo, favoreciendo el cristianismo bíbllico.


Fe en defensa de milagros

Entre los numerosos sermones religiosos pronunciados por Samuel Vince, hubo uno que resulta particularmente interesante, porque rechazaba abiertamente la crítica del filósofo David Hume, quien había criticado la creencia en milagros porque, según él, estos "violaban las leyes de la naturaleza." Rechazando esta objeción, Vince explicaba, (como lo haría más tarde Martin Luther King Jr.), que el universo también tiene leyes morales, y que el Dios que estableció las leyes de la naturaleza, no está limitado por la limitada experiencia de una persona como él. En sus Comentarios sobre los Principios y Razonamientos de M. Hume, en su Ensayo sobre milagros, Vince escribió:
"Lo que queremos decir con leyes de la naturaleza, son aquellas leyes que se deducen de aquella serie de eventos, que, por designación divina, se siguen en el mundo moral y en el físico, el primero de los cuales vamos a considerar principalmente aquí, con la presente cuestión en conjunto, respetando el gobierno moral de Dios. Esto es una consideración que [Hume] ha descuidado por completo, en su estimación sobre la credibilidad de los milagros.   
Al examinar la cuestión en este principio, es evidente que la naturaleza extraordinaria del hecho milagroso no es ningún motivo para incredulidad, a condición de que, tal hecho, desde un punto de vista moral, fuera necesario, a partir de la condición de hombre, pues, en ese caso, la Deidad, administrando su asistencia en proporción a nuestras necesidades, actúa sobre el mismo principio que en sus operaciones más ordinarias. Porque, sin importar cuan opuestos parezcan los efectos físicos, si su tendencia moral fuera la misma, formarían parte de la ley moral. Ahora bien, en aquellas acciones que son llamadas milagros, la Deidad se dirige por el mismo principio moral que en sus exensiones habituales; y por lo tanto, siendo influenciado por el mismo motivo para llevar a cabo el mismo fin, las leyes del gobierno moral de Dios no se violan; dichas leyes se establecieron por los motivos y los fines producidos, y no por los medios empleados. 
Para probar, por lo tanto, que las leyes morales son las mismas en aquellas acciones denominadas milagrosas, así como en los eventos comunes, no son las acciones mismas las que deben ser consideradas, sino los principios por los cuales se realizan, y sus consecuencias, porque si éstos fueran lo mismo, la Deidad actuaría todavía por las mismas leyes. Y aquí, se hallará que la analogía moral confirmará la verdad de los milagros registrados en las Escrituras. Pero a medida que el gobierno moral de Dios es dirigido por motivos que están más allá del alcance de la investigación humana, no tenemos principios por los cuales podamos juzgar de la probabilidad de la ocurrencia de cualquier evento nuevo que respete el mundo moral: no podemos, por lo tanto, decir que cualquier caso extraordinario en la naturaleza es una violación de la ley moral de las exenciones de Dios; pero sí podemos, sin embargo, considerar su acuerdo con esa ley, en la medida en la que ha llegado a nuestra observación. Pero Hume deja de lado la consideración del gobierno moral de Dios, y discurre simplemente en base a hechos que se dice que pasaron, sin hacer ninguna referencia al fin de éstos. Por lo tanto, vamos a examinar hasta qué punto llegan sus conclusiones en este principio.
Él define los milagros como "una violación de las leyes de la naturaleza"; él, indudablemente, se refiere a las leyes físicas, puesto que en ninguna parte su razonamiento hace alguna referencia a éstos desde un punto de vista moral. Ahora bien, estas leyes deben ser deducidas, ya sea desde su propio punto de vista de los acontecimientos, o de eso y el testimonio conjuntamente; y si el testimonio es admitido en una parte, también debe ser admitido en la otra, concediendo en que no hay imposibilidad en el hecho que ha sido atestiguado. Más las leyes por las cuales la Deidad gobierna el universo, sólo pueden, por mucho, deducirse de toda la serie de sus exenciones desde el principio del mundo.  
El testimonio debe ser, por lo tanto necesariamente admitido en el establecimiento de estas leyes. Ahora, Hume, al deducir de las leyes de la naturaleza, rechaza que todos los acontecimientos milagrosos bien autenticados, puedan considerarse como posibles, y por lo tanto, los considera no del todo increíbles y los rechazada sin examinarlos, y de allí, establece una ley para probar en contra de su credibilidad; pero la prueba de una posición debe proceder de que los principios que son totalmente independientes de cualquier suposición de que son más verdadero o más falsos.     
Su conclusión, por tanto, no se deduce solamente de razonar a partir de principios reconocidos, sino que es una consecuencia necesaria de su propia suposición arbitraria. "Es un milagro", dice él, "que un hombre muerto regrese a la vida, debido a que nunca se ha observado en ninguna época o país." Ahora bien, el testimonio, confirmado por cada prueba que puede tender a establecer un verdadero hecho, afirma que tal evento ha sucedido. Pero el autor argumenta en contra de la credibilidad de esto, porque es 'contrario a las leyes de la naturaleza'; y en el establecimiento de estas leyes, rechaza todos esos hechos extraordinarios (a pesar de que son autenticados por toda la evidencia que tales hechos posiblemente pueden admitirse); teniendo en cuenta así, solamente los eventos que han caído dentro de la esfera de sus propias observaciones, (como si toda la serie de exenciones de Dios debieran incluirse necesariamente en el curso de unos cuantos años). Pero, ¿quién es el que así circunscribirá las actuaciones del poder divino y la sabiduría infinita, y le dirá: "Hasta llegarás, y no más allá"?.    
Antes de que él rechace las circunstancias de este tipo en el establecimiento de las leyes de la naturaleza, al menos, debió haber demostrado, que nosotros no podemos poseer toda la evidencia que podríamos "haber tenido" de estos, sobre la hipótesis de que fueran ciertos; él también debió haber mostrado, desde un punto de vista moral, que los eventos eran incompatibles con las operaciones ordinarias de la Providencia; y que no había fin que justificara los medios [para hacer el milagro]. Mientras que, por el contrario, hay tanta evidencia sobre ellos como cualquier hecho verdadero pudiera tener, son perfectamente consistentes con todas las exenciones morales de la Providencia y, al mismo tiempo, la resurrección de Jesucristo está de lo más atestiguada exepcionalmente, que descubrimos una intención moral en el milagro, que muy satisfactoriamente explica la actuación del poder divino." 
[The British Critic, Volume 12, (1798) pp. 259-261]
Para ver los sermones completos en su idioma original, véanse sus tratados sobre La credibilidad del cristianismo reivindicada y su protesta acusación sobre la División entre cristianos, en su Sermón 1, y su Sermón 2 y sus otros Sermones. En uno de ellos, Vince pronunció:

"El brazo de Cristo está extendido para salvarnos, y tal vez nada más poderoso podría ser ideado para mantenernos firmes en el cumplimiento de nuestros de Dios. Las previas exenciones de Dios han sido proclamadas por el hombre, quien, como el más exaltado en esta vida, se le consideró suficiente como para promulgar los mandamientos divinos; pero el que se haya traído "la vida e inmortalidad a la luz" fue algo solamente confiado a Su Hijo... Moisés murió, su poder cesó, y la religión judía ahora se ha vuelto "sin efecto", pero la religión cristiana está constantemente bajo la custodia de su gran Fundador, "contra quien las puertas del infierno no pueden prevalecer." [3]
Referencias


Cantor, G.N; Christie, J.R.R.; Hodge, M.J.S; Olby, R.C. (2006). Companion to the History of Modern Science. Routledge

Jungnickel, Christa; McCormmach, Russell (1999). Cavendish: The Experimental Life. Bucknell University Press

Kevin C. Knox, 2002. From Newton to Hawking: A History of Cambridge University's Lucasian Professors of Mathematics. Cambridge University Press. p. 222

The British Critic, Volume 12 (1798)F. and C. Rivington. pp. 261-262

Wood, Alexander. 2011. Thomas Young: Natural Philosopher 1773-1829. Cambridge University Press. ISBN 9780521263764