jueves, 3 de julio de 2014

Charlotte Brontë: "El Misionero"



El misionero
poema por la poeta inglesa Charlotte Brönte (1816 – 1855)


Viaja, vasija, viaja a través del océano británico,
Busca la llanura más amplia del mar abierto;
Deja los escenarios ingleses y los cielos ingleses
Desata, rompe los lazos ingleses;
Llévame a climas remotos y forasteros,
donde la vida alterada, cambio rápido y continuo
la gran acción, el trabajo incesante,
conmoverá, convertirá, cultivará el espíritu del suelo;
Raíces frescas se plantarán, semillas frescas se sembrarán,
Hasta que crezca un nuevo jardín,
Libre de malas hierbas que ahora lo llenan allí,
mero amor humano, mero anhelo egoísta,
que si es querido, aún me detendría.
Tomo el arado, no hay vuelta atrás,
Déjame, entonces, luchar para olvidar.

The Missionary Boat, por Henry Scott Tuke (1894)

Más las costas inglesas están aún a la vista,
Y los cielos de Inglaterra, de un suave azul
forman un arco sobre su mar que le escolta
Aún no puedo huir de la Memoria;
debo otra vez con firmeza enfrentar 
esa tarea angustiosa, recordar.
Casado en el hogar — olvido el hogar,
Temeroso del cambio — causo los cambios,
Muy afecto a lo fácil —naufragio en difíciles trabajos;
Amador de la calma — busco inquieto:
Naturaleza y Destino adverso 
Conmocionan en mi corazón un combate turbulento;
Y larga y feroz será la guerra
antes de que el deber, reconcilie a ambos.

¿Qué otro lazo me retiene
sino el pasado separado, abandonado?
Ardiendo en el altar de mi corazón
Yace el fuego de un gran sacrificio consumado,
aún no apagado ni a la mitad.   El acero sagrado,
atacó hace poco mi voluntad carnal,
mi esperanza de toda la vida, primera y última alegría,
lo que realmente amé, y por lo que me aferré a ayunar;
lo que tanto quise retener,
a lo que renuncié con el dolor de mi alma;
lo que — cuando lo vi, anonadado, estropeado 
no me dejó alegría alguna en la tierra que apreciar;
Yo un hombre despojado — aunque ahora afirmado
Yo confirmo lo que Jefté prometió:
¿Me retractaré, o temeré o huiré?
¿Lo hizo Cristo, cuando subió a ese madero fatal
ante él, en el Monte Calvario?
Una lucha larga fue, muy peleada, pero ganada,
Y lo que yo hice fue bien hecho.

Y sin embargo, ¡Helen! de tu amor me aparté,
Cuando mi corazón más que nunca ardía por ti;
Desafié tus lágrimas; desafié tu desdén —
Más fácil la angustia de muerte confirmé.
¡Helen! si no vienes conmigo,
¡No podría atreverme a quedarme por ti!
Escuché, de lejos, quejarse de su cautiverio
al indígena que está más allá del océano;
Y ese fiero sonido levantó su clamor
angustiado por agonía de una intensa emoción;
e incluso cuando, con la lágrima más amarga
que jamás derramé, mis ojos fueron ofuscados,
Aún, con la visión clara del espíritu,
Vi el imperio del Infierno, vasto y sombrío,
Propagado en cada orilla del río de la India
a cada reino de Asia abarcando
Y allí, vi al débil, pisoteado por el fuerte,
no vivir sino para sufrir muerte sin esperanza
Y allí, a los sacerdotes paganos, cuyo credo está tan Mal
Extorsión, Lujuria, Crueldad
destrozar nuestra raza perdida — e hinchando
La amarga  copa de la enfermedad humana

Y yo — que tengo el credo sanador
La fe benigna del Hijo de María,
¿Contemplaré la necesidad de mi hermano,
y, de forma egoísta, rehuiré para no ayudarlo?
Yo, que sobre las rodillas de mi madre
en la infancia, leí la palabra escrita de Cristo
Recibí su legado de paz,
Escuché su santa regla de actuar;
Yo —en cuyo corazón, el sentido sagrado
del amor de Jesús tan temprano sentí;
De su benevolencia pura plena,
Su compasiva ternura por el culpable,
Su cuidado de pastor hacia ovejas descarriadas,
por toda cosa doliente, afligida, y trémula,
Su inmensa misericordia, su profunda pasión
de angustia por los sufrimientos humanos;
Yo, educado desde la infancia en esta sabiduría,
¿Me atreveré a vacilar o a volverme hacia atrás
cuando se me llama a sanar la llaga de la enfermedad
de los que están lejos y en soledad?
Sombrío, en el domino y las sombras de la muerte,
naciones, tribus e imperios mienten,
Mas incluso a ellos la luz de la Fe
Se abre paso en su lúgubre cielo:
Y sea de mí invitarlos a levantar
sus cabezas cansadas a la escena reavivar
Y conocer y saludar el resplandor del amanecer
Que Cristo el Nazareno hace proclamar

Sé cómo el infierno su velo extenderá
sobre cejas y tenues ojos,
Y en tierra aplastará, la cabeza levantada
que hacia arriba quiera mirar y el cielo buscar;
Sé qué guerra hará el demonio
Contra el soldado de la cruz
Que su rabia demoniaca viene a desafiar 
Y a Su reino en pérdida y vergüenza arrebatar 

Sí, dura y terrible es la tarea
De aquél que pisa el suelo extranjero
Resuelto a plantar la vid del evangelio
en lugares donde reinan tiranos y gimen los esclavos;
Deseoso de levantar la luz de la Religión
en donde las más espesas sombras de la noche mental
proyectan al falso dios falso y al rito infernal;

Temeraria esa sangre misionera,
derramada en desierto y bosque salvaje,
ha dejado, en el aire impío,
la profunda protesta del hombre, oración del mártir.
Conozco mi destino, sólo te pido
Poder, para cumplir la gloriosa labor
Dispuesto el espíritu, que pues, la carne,
día a día reciba fuerza otra vez
Que el sol quemante o que el viento letal
en la mente ferviente no pueda imperar
Que extraños tormentos o que la muerte más fatal
no aplasten la verdad, ni la fe puedan frustrar
Aunque esas gotas de sangre deban caer de mí
Como cayeron en la antigua Getsemaní

Christus am Kreuz, por Lucas Cranach el Viejo


Bienvenida la angustia — si es que ésta dará
más fuerza para obrar —más experiencia que guardar
¡Oh!   y si breve va a ser mi tiempo
si mano hostil o clima letal
mi curso acortarán, aún sobre mi tumba,
Señor, que tus campos blancos se agiten 
para que yo el cultivo pueda comenzar
Que otros la siega pueda impulsar
Si al menos la semilla pronto crecerá
¡Que mi sangre riegue lo que yo llegue a sembrar!

¡Qué! ¿Alguna vez he temblando de pie,
y temido en dar a Dios esa sangre?
¡Qué! ¿Acaso el amor cobarde a la vida
me ha hecho retroceder de la justa batalla?
¿Acaso las pasiones humanas, los miedos humanos
me han separado de aquellos Pioneros
cuya tarea fue marchar primero y trazar
los caminos del progreso para nuestra raza?
¡Ha pasado tanto, pero concédeme, Señor
que ahora permanezca firme en tu palabra!
Protegido con el yelmo de la salvación
Amparado por fe, ceñido con la verdad,
para sonreír cuando tribulaciones me busquen abrumar
Y en medio de fuegos de pruebas, ¡permanecer ileso!
Derribando los baluartes más fuertes del infierno
Aún cuando la última punzada estremezca mi pecho
cuando la Muerte me conceda la corona de Mártir
y me llame hacia el reposo de Jesús.
Entonces mi recompensa final,
entonces la palabra que regocije al mundo
Será la voz del Padre, Espíritu, Hijo:
"Siervo de Dios, ¡has hecho bien!"

Misioneros predicando
por Alfred T. Agate (1841)

Título original: The Missionary.
Publicado en la obra Poems by Currer, Ellis, and Acton Bell (1846), de las hermanas Brontë
Traducido al español para CreyentesIntelectuales.blogspot.com


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