miércoles, 17 de diciembre de 2014

Albert Lutuli: "¿Obedeceremos a Dios o al hombre?"

Albert Lutuli (ca. 1960)
Albert John Mvumbi Luthuli (1898 - 1967), mejor conocido como Albert Lutuli, fue un educador, activista, líder social y político sudafricano que, siendo Presidente del Congreso Nacional Africano desde 1952, dirigió a 10 millones de africanos negros y destacó como una de las figuras principales en la lucha pacífica contra la discriminación racial en el apartheid lo cual le llevó a ser galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1960. 
  
Lutuli nació en la estación de la Misión Groutville, en Bulawayo, Rodesia del Sur (territorio que actualmente se ubica en Zimbabwe). Su abuelo era jefe de una tribu en Groutville, Stanger, Natal; y su padre era John Bunyan Lutuli, un misionero cristiano indígena que pasó la mayor parte de sus días en misiones con los Matabele en Rodesia:
"Mi padre estaba haciendo obra misionera cristiana como evangelista intérprete bajo la Iglesia Adventista del Séptimo Día... fue el segundo hijo de Ntaba Luthuli, un converso y seguidor del Reverendo Aldin Groutville de la Junta de Misiones Estadounidense que, con otros tres misioneros, fue enviado en 1835 por la Junta para hacer trabajo misionero entre los zulúes. El Reverendo Groutville llegó al sur y se estableció en lo que hoy es la estación de la Misión Groutville. Oficialmente, el lugar es conocido como la Misión de la Reserva Umvoti" (The Luthuli Story: An Autobiographical Article, 1961. cit. en Reddy, 1992:159).

Después de que murió su padre, Albert y su madre se mudaron a la provincia de KwaZulu-Natal, en Sudáfrica, donde habían vivido sus antepasados. Se asentaron en la comunidad de Groutville, en donde vivía su tío Martin Lutuli, quien era Jefe Tribal de los cristianos Abasemaklolweni del lugar.

Allí, su madre procuró su educación y Luthuli asistió a la escuela Adams College, que, al igual que otras facilidades, había sido fundada por misioneros, y era una de las más antiguas del lugar. Después de estudiar en esa escuela congregacionalista, estudió en el Instituto Ohlange por dos años, y más tarde en una institución Metodista en Edeendale, donde estudió para ser maestro. Al concluir, Lutuli aceptó el puesto de director y único profesor en una escuela primaria rural en Newcastle, Natal. De ésta época, Lutuli comenta:
"Durante mis días de estudiante me interesé mucho en el trabajo de la Asociación Cristiana de Jóvenes y en la Asociación Cristiana de Estudiantes. Me uní a la Iglesia cuando era profesor, en 1918." (The Luthuli Story: An Autobiographical Article, 1961. cit. en Reddy, 1992:223).
Luego se bautizó y se volvió predicador laico del evangelio por muchos años.  En 1920, el gobierno le otorgó una beca para asistir a un curso de formación superior para docentes en Adams College. Luego de concluir, se unió al personal de la universidad donde estudiaba, donde importió la materia de Historia y Literatura. Se le ofreció una beca en la Universidad de Fort Hare, Alice, Eastern Cape, pero el lugar quedaba lejos de casa, y Luthuli declinó la oferta porque si se iba, no podría dar ayuda financiera a su madre. En 1927, Luthuli se casó con una profesora llamada Nokukhanya Bhengu con quien tendría siete hijos.

En 1928, Lutuli se volvió Secretario de la Asociación de Maestros de África y en 1933, Presidente de la misma. También se volvió fundador de la Sociedad de la Cultura y Lengua Zulúes, secretario de la Asociación de Profesores Africanos de Durban, miembro del Consejo Cristiano de la Unión Sudafricana y del Concilio Conjunto de Europeos y Africanos, asesor de la Junta Sudafricana de la Iglesia Congregacionalista de América, y Presidente de la Conferencia Misionera de Natal.

Luthuli era activo en la obra misionera, y se hizo conocido en la tribu de la etnia zulu, en donde los ancianos le pidieron ser dirigente de su sociedad tribal. Inicialmente, Lutuli vaciló, no queriendo renunciar a su profesión y al sostento que esta le daba; sin embargo, en 1936, su tío murió y Luthuli aceptó volverse el Jefe Tribal de los zulúes, en Groutville. Por diecisiete años estuvo en este cargo y se ganó el apoyo de su gente, una comunidad de 500 personas que le llamaría "Jefe" hasta el final de sus días. 

"En sus demandas por equidad y paz para todos los hombres, Luthuli forjó una compatibilidad filosófica entre dos culturas: la cultura Zulu de su África natal, y la cultura cristiana democrática" (Haberman, 231).
Eventualmente, Luthuli fungió como magistrado y se unió también al Concilio Ejecutivo Cristiano y al Instituto para las Relaciones Raciales de Durban.

Pero en 1936, el gobierno que fungía en Sudáfrica comenzó a privar de sus derechos a los únicos africanos negros que tenían el derecho de voto hasta ese momento (los de la provincia del Cabo).
En la nación, los blancos (que eran hijos de inmigrantes neerlandeses solo constituían cerca del 21% de la población, pero los políticos blancos se estaban volviendo más radicales con tal de preservar su poder.

En 1944, Lutuli se unió al African National Congress (ANC), (en español: Congreso Nacional Africano, CNA), un partido político que buscaba defender los derechos de la gran mayoría que conformaba la comunidad negra de Sudáfrica. Influido fuertemente por su fe cristiana, Lutuli buscaba poner en práctica sus principios cristianos en su estilo de hacer política. Sobre la combinación de política y religión, declaró:
"Por mi parte, yo estoy en el Congreso precisamente porque soy cristiano. Mi creencia cristiana sobre la sociedad humana debe encontrar su expresión aquí y ahora, y el Congreso es la punta de lanza de la lucha real. Algunos excluirían a los comunistas, otros retirarían del Congreso a todos los que no son comunistas. Mi propia exhortación, porque soy cristiano, es entrar en el meollo de la lucha junto a otros cristianos, tomando mi cristianismo conmigo y orando para que pueda ser utilizado para influir para bien el carácter de la resistencia." (cit. en Boesak, 2005:112; Nystron, 2011:61)
Al año siguiente, 1945, Lutuli fue elegido miembro de una Comité de la ANC en la provincia de KwaZulu, y en 1946, participó en protestas contra la brutalidad policiaca que además buscaban mejorar las condiciones de vida de mineros pobres sudafricanos.


Pero en las elecciones de 1947, el radical Partido Nacional (conformado por blancos), llegó a la presidencia, y al siguiente año adoptaron oficialmente la política del apartheid (término que significa "distanciamiento" o "apartamiento" total). A lo largo de la siguiente década, el gobierno en cargo, dirigido por el racista Daniel Malan, fue imponiendo leyes segregacionistas que hacían "ilegales" los matrimonios mixtos e interraciales, establecían un sistema de castas racista (blancos, negros, indios y mestizos), y hacían "legal" la segregación en el transporte público, el sistema educativo, centros de entretenimiento, lugares sanitarios, y demás. También se impuso un sistema conocido como "Leyes de pases", con el que el gobierno racista obligó a todos los negros a llevar un documento "pasaporte" que limitaba su acceso a las zonas "reservadas" para los blancos. Este odioso sistema incrementó la discriminación racial, causó la separación de familias, y favoreció la pobreza en la comunidad negra. Además, permitió el abuso del poder, en tanto que la policía blanca tenía la costumbre de exigir pases a la fuerza, y cuando un negro no llevaba el pase consigo, era enviado a la cárcel. 

En un viaje de 1948 a Estados Unidos, en un viaje patrocinado por la Junta de Misiones Congregacionalistas, Luthuli había advertido de los crecientes problemas raciales en Sudáfrica. En esas condiciones sociales, en 1951, Lutuli fue elegido como director de la división del ANC en KwaZulu. Pero al año siguiente, el gobierno del Apartheid le acusó de un conflicto de intereses, y le exigió que renunciara ya sea a su cargo como Presidente de la división, o como Jefe de los Zulúes. Al rehusarse a renunciar a ninguno de los dos cargos, el gobierno le retiró de su posición como Jefe Tribal. Sin embargo, sus acciones eran tan destacadas que, un mes después, Lutuli fue elegido como Presidente del Congreso Nacional Africano, donde dirigiría a líderes como Nelson Mandela

Firme partidario del mismo método de protesta usado por Mahatma Gandhi y el Rev. Martin Luther King Jr., en 1952, Lutuli, junto a demás líderes de la ANC, comenzó a tomar parte en la organización de campañas no-violentas para eliminar las leyes discriminatorias. El 30 de agosto anunció la campaña "Vamos en Acción" de la siguiente manera:
"Creemos que con el Arzobispo Hurley de Durban. quien recientemente, al hablar ante el Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales en Durban, dijo: "El primer deber cristiano en las relaciones raciales en Sudáfrica sería convencer a los europeos de que no pueden reclamar el disfrute de los derechos de monopolio sin sacrificar la justicia humana. El segundo sería conceder derechos económicos, culturales y políticos a los no europeos progresivamente, en función de su grado de desarrollo social".  
Me apena decir que desde la Unión hemos atestiguado una disminución de los derechos y privilegios democrático entre los pocos no-europeos que los tenemos, cuando nosotros esperábamos que la política liberal del Cabo se extendería a las provincias del norte. Nos encontramos privados de oportunidades para desarrollar a nuestra máxima capacidad nuestros talentos que nos fueron dados por Dios. 
Como africanos nos alegramos de que, por invitación del Congreso Nacional Africano, los indios y mestizos, a través de sus organizaciones nacionales, se comprometan a apoyar a nuestro Congreso en su justa lucha.  
Invitamos a todos los que valoran la democracia, sin distinción de color, raza o credo, a que se unan a nuestras fuerzas ...
Que Dios bendiga a nuestros voluntarios que están ayudando en Natal para honrar su palabra dada de modo que en el juicio final Natal diga "Yo también estaba allí, en la lucha para hacer a la Unión Sudafricana una verdadera democracia para todos sus ciudadanos, independientemente de su color, raza o credo "." [We go to action: Statement on the Launching in Natal of the Defiance Campaign. 30 de agosto, 1954; Reddy, 1991:9-10].
El 1 de noviembre de 1952 daba un discurso público titulado "El camino a la libertad es por la vía de la cruz":
"Antes de ser un Jefe, fui un maestro de escuela por unos diecisiete años. En estos últimos treinta años mas o menos, he luchado con gran celo y paciencia para trabajar por el progreso y el bienestar de mi pueblo y por sus relaciones armoniosas con otros sectores de nuestra sociedad multi-racial en la Unión Sudafricana. En este esfuerzo siempre perseguí lo que la gente liberal con razón considerada como el camino de la moderación. Durante este largo período de tiempo que tengo, año tras año, pasé con gusto las horas de mi tiempo con organizaciones de la Iglesia y sus diversos organismos, como el Consejo Cristiano de Sudáfrica, el Consejo Conjunto de Europeos y Africanos y el ya desaparecido Consejo Nativo de Representantes.  
En la cuestión de obtener los derechos de ciudadanía y oportunidades para el desarrollo ilimitado de los pueblos africanos, ¿quién negará que treinta años de mi vida se han pasado tocando en vano, con paciencia, con moderación y modestia, en una puerta cerrada a cal y atrancada? ¿Cuales ha sido los frutos de mis muchos años de moderación? ¿Ha habido alguna tolerancia o moderación de parte del gobierno, ya sea del Nacionalista o del Partido Unido? ¡No! Por el contrario, en los últimos treinta años se han producido el mayor número de leyes que restringen nuestros derechos  progreso hasta que hoy hemos llegado a una etapa donde no tenemos casi ningún derecho en absoluto: no hay tierra suficiente para nuestra ocupación, nuestro único ganado activo, disminuyendo; no hay seguridad para las viviendas, no hay empleo digno y remunerado, hay más restricciones a la libertad del movimiento, por medio de los pases, hay toque de queda, hay medidas de control de afluencia; en síntesis, hemos presenciado en estos años una intensificación de nuestra sujeción que asegura y protege la supremacía blanca.
Es con estos antecedentes y con pleno sentido de la responsabilidad que, bajo los auspicios del Congreso Nacional Africano (Natal), me he unido a mi pueblo en el nuevo espíritu que los mueve hoy en día, el espíritu que se rebela abiertamente y con valentía contra la injusticia y se expresa de una determinada y no violenta. Debido a mi asociación con el Congreso Nacional Africano en este nuevo espíritu que ha encontrado una forma efectiva y legítima de expresión en la campaña de resistencia pasiva no-violenta, se me dio un ultimátum límite de dos semanas por el Secretario de Asuntos Indígenas que me pidió elegir entre el Congreso Nacional Africano y la jefatura de la Misión de la Reserva Groutville. Se alegaba que mi asociación con el Congreso en su campaña de resistencia pasiva no-violenta fue un acto de deslealtad al Estado. No estaba, y no estoy de acuerdo con esta opinión. Al ver la resistencia pasiva no violenta como algo no-revolucionario, y, por lo tanto, como una técnica de presión política más legítima y más humana para un pueblo al que se le niegan todas las formas efectivas de lucha constitucional, no vi ningún conflicto real en la doble dirección de mi pueblo: siendo líder de esta tribu como Jefe,  y líder político en el Congreso. 
Tampoco vi ningún motivo para renunciar a cualquiera de las dos. Esta aferración mía que se tradujo en que fui despedido de la jefatura, pudo parecer tonto y decepcionante para algunos europeos liberales y moderados, y para los no europeos con los que he trabajado todos estos años y con el que todavía espero trabajar. Esto no es una separación de caminos, sino "un lanzamiento en mayor profundidad." Los invito a unirse a nosotros en nuestro pronunciamiento inequívoco de todas las aspiraciones legítimas de África y en nuestra firme postura en contra de la injusticia y la opresión. 
...Mi punto de vista ha sido, y sigue siendo, que un jefe es ante todo un siervo de su pueblo. Es la voz de su pueblo. Es la voz de su pueblo en los asuntos locales. A diferencia de un Comisionado Nativo, es parte integrante de la Tribu, y no un agente local del Gobierno. Dentro de los límites de la lealtad, es concebible que pueda votar y pulse las demandas de su pueblo incluso si han de ser desagradables para el Gobierno en cargo. Puede utilizar todas las técnicas modernas legítimas para conseguir estas demandas satisfechas. Es inconcebible cómo los jefes deban servir efectivamente al interés general y común de su propia Tribu, sin cooperar con otros líderes del pueblo, tanto líderes naturales (jefes) como líderes elegidos democráticamente por el pueblo mismo. 
Fue para permitir estas asociaciones más amplias destinadas a promover los intereses nacionales comunes de las personas al frente de los intereses puramente locales, que el Gobierno, al hacer reglas que rigen a los jefes, no los inhabilitaron a que se unieran a asociaciones políticas, siempre que dichas asociaciones no hubieran de ser declarados "por el Ministro de ser subversivas o perjudiciales para Gobierno constituido ". El Congreso Nacional Africano, su campaña de resistencia pasiva no-violenta, puede ser de valor molesto para el Gobierno, pero no es subversiva, ya que no busca derrocar a la forma y la maquinaria del Estado, sino solamente instar a la inclusión de todos los sectores de la comunidad en una sociedad en la que el Gobierno del país sea sobre la base de la igualdad. 
Las leyes y las condiciones que tienden a degradar la personalidad humana (que es una fuerza dada por Dios), ya sean provocadas por el Estado o por otras personas, deben ser opuestas sin descanso en el espíritu de desafío mostrado por San Pedro cuando dijo a los gobernantes de su época: "¿Obedeceremos a Dios o al hombre?" [Hechos 14:19].  Nadie puede negar que en la medida en que los no blancos estén preocupados por la Unión Sudafricana, las leyes y condiciones que degradan la personalidad humana abundarán. Cualquier Jefe digno de su cargo, debe luchar intrépidamente contra tales condiciones y leyes degradantes. Si el Gobierno llega a recurrir al despido de esos jefes, puede encontrarse con el despido de muchos jefes, mucha gente despida de sus corazones a los jefes que son indiferentes a las necesidades de la gente a través del miedo del despido por parte del Gobierno. Sin duda, el Gobierno no puede poner a los jefes en una posición tan incómoda y denigrante. 
En cuanto a mí, con pleno sentido de responsabilidad y una clara convicción, decidí permanecer en la lucha por la extensión de los derechos y responsabilidades democráticas a todos los sectores de la comunidad del sur de África. He abrazado la técnica de la resistencia pasiva no violenta en la lucha por la libertad, porque estoy convencido de que es la única manera no-revolucionaria, legítima y humana que puede ser utilizada por personas a las que se niegan, como a nosotros se nos ha hecho, los medios constitucionales efectivos para aspiraciones a futuro.  
La sabiduría o la necedad de esta decisión, que la juzguen las manos del Todopoderoso. Que es lo que me tiene deparado el futuro, no lo sé. Puede que sea la ridiculización, el encarcelamiento, el campo de concentración, la flagelación, el destierro e incluso la muerte. Solamente oro al Todopoderoso para fortalecer mi resolución a fin de que ninguna de estas posibilidades sombrías me pueda disuadir de esforzarme para que, por el bien del buen nombre de nuestro querido país, la Unión de Sudáfrica, sea una verdadera democracia y una verdadera unión en forma y espíritu con todas las comunidades de la tierra. 
Mi única preocupación doloroso a veces es la del bienestar de mi familia, pero trato de que, incluso en este sentido, en un espíritu de confianza y entrega a la voluntad de Dios como la veo, pueda decir: "Dios proveerá" [Filipenses 4:16].  
Es inevitable que al trabajar para la Libertad, algunas personas y algunas familias hayan de tomar la iniciativa y sufrir. El camino hacia la libertad es a través de la CRUZ." [The Road of Freedom Is Via The Cross]
Lutuli era uno de los cabecillas que destacaban contra la política y, debido a su acérrima oposición, el gobierno le impuso prohibiciones inmediatas. Se le prohibió que saliera más allá del distrito de su residencia durante dos años. 

En 1953, tuvo la oportunidad de participar en una Conferencia Anual en la que dijo lo siguiente:
"Como una prueba más concreta de la vitalidad y la eficiencia de nuestra creciente camaradería  estoy contento de destacar que (a pesar de que algunos en el partido del Gobierno y sus agentes han incitado deliberadamente a los africanos contra los indios, en una abierta invitación a los africanos a unirse al grito diabólico de reaccionarios europeos egoístas que en vano claman "¡Fuera el indio!"), a excepción de unas pocas voces insignificantes que asienten la respuesta a esa invitación, todos los matices de la opinión pública responsable de África han contestado que por cuanto los africanos nunca fueron los responsables de la llegada de los indios a Sudáfrica, por lo tanto, nunca deben ser parte de los esfuerzos para expatriarlos; sino por el contrario, en nuestro deseo de ver la paz, la buena voluntad y la floritura progreso en nuestro país, trabajamos para la creación de una asociación en el sistema gubernamental de nuestro país en el que se de a todas las personas en la Unión de Sudáfrica, independientemente de su color, raza, credo o país de origen, una voz en el gobierno del país, y se abran oportunidades sin restricciones para su pleno desarrollo, cada uno de acuerdo a sus talentos que les fueron dados por Dios...
La historia, sin duda, les otorgará un lugar de honor en los anales del progreso de la humanidad. Mis observaciones de aprecio y elogio se dirigen a todo el mundo que de alguna manera contribuyó a que se poniera en marcha con éxito nuestra lucha: los ocho mil voluntarios que enfrentaron encarcelamiento; los miembros de las familias que voluntariamente permitieron que sus seres queridos hicieran el sacrificio; los cientos de lo que llamo "nuestro personal de tierra", que en una posición humilde o exaltada, hicieron posible una organización que se tradujo en un exitoso lanzamiento de nuestra campaña de resistencia pasiva no-violenta. 
Mi última palabra a todos estos diversos participantes es: ¡Sigan marchando a la libertad, a cualquier precio y sacrificio! 
Tenemos presente que la historia de la liberación de la gente de la inhumanidad del hombre hacia el hombre, siempre ha sido a través de una lucha terrible que implica mucho sacrificio y sufrimiento por parte de los oprimidos y que, por tanto, los oprimidos en la Unión no tienen motivo de creer que puedan alcanzar la libertad de otra manera. 
En todo el mundo, y lo largo de todas las épocas, la liberación ha llegado de esa manera. El advenimiento de la gran democracia de Estados Unidos de América vino de esa manera; el nacimiento o renacimiento de grandes y nobles ideas e ideales de Europa, tales como el grito de "Libertad, Igualdad y Fraternidad", etc., que constituyó la base de nuestra concepción moderna de los derechos civiles, se las ganó la humanidad por medio del sacrificio y el sufrimiento de aquellos que intensamente y devotamente creían en estos conceptos de los derechos humanos. Estos hombres y mujeres respondieron activamente al espíritu de Descontento Divino dentro de ellos.[Let us March Together for Freedom; Discurso de apertura a la Sexta Conferencia Anual del Congreso Indio de Natal, Durban. 21 de febrero de 1953]
En 1954, cuando casi se terminaba la restricción, Lutuli viajó a Johannesburgo a hablar en una reunión en la que había sido llamado a protestar contra la evacuación forzada de personas de color en Sophiatown y Meadowsland. El 11 de julio dijo:
Lutuli y uno de sus nietos
"Nos reunimos aquí para expresar nuestro profundo resentimiento por la afirmación hecha por Sudáfrica a través de sus gobiernos y parlamentos de la Unión, de determinar y dar forma a nuestro destino sin consultar nuestros deseos, y de asignarnos con arrogancia a una posición de inferioridad permanente en nuestra tierra, contrario al plan y del propósito de Dios, nuestro Creador, quien creó a "todos los hombres iguales", y en nosotros también, no sólo en los blancos, sopló el espíritu divino de la dignidad humana. Y por tanto, tenemos todo el derecho humano y moral de resistir las leyes y políticas que crean un clima que afecta el pleno desarrollo de nuestra personalidad como individuos, y nuestro desarrollo como pueblo... 
Las leyes y políticas de la Sudáfrica blanca sin duda son contrarias a este desarrollo. Y así, hago un llamado a nuestro pueblo en todos los ámbitos de la vida, a los Ministros del Evangelio de Cristo, que murió para salvar la dignidad humana, a los maestros, a hombres de profesión, a los hombres de negocios; a los agricultores y a los trabajadores, a manifestarse alrededor del congreso esta hora para que nuestra voz sea escuchada. Puede que no tengamos voto, pero no necesariamente estamos sin voz; es nuestra determinación más que nunca en la vida de nuestro congreso, el hacer que nuestra voz so solo sea escuchada, sino que también se le ponga atención. A través de reuniones como estas en todos los centros, grandes y pequeños, nuestro objetivo es movilizar a nuestra gente a hablar que hable con esta misma voz y le diga a la Sudáfrica blanca: 
No tenemos deseos de sacar a nadie fuera de Sudáfrica, pero igualmente no tenemos ninguna intención de abandonar nuestro derecho divino, de determinar para nosotros mismos nuestro destino de acuerdo con el plan santo y perfecto de nuestro Creador. El apartheid jamás será tal plan. 
Amigos, no nos equivoquemos, el camino hacia la libertad siempre está lleno de dificultades. Antes de llegar a la cumbre de la libertad, muchos habrán quedado en el camino, como resultado de la acción del enemigo: y otros, por el desaliento personal, pueden abandonar la lucha. Pero les pido que como verdaderos hijos de Sudáfrica sean fieles a África, y no escatimen ningún sacrificio de ser demasiado grande para su redención. Ahora y aquí, hago un llamamiento a todos los hombres y mujeres presentes a comprometerse a sí mismos y presentar a alistarse como voluntarios en esta noble causa de la libertad bajo la consigna  de la Campaña de Resistencia al Apartheid. Confío en que este llamado mí, como en el pasado, provocará la mayor respuesta que causará conmoción al arrepentimiento de corazones de la Sudáfrica blanca. Mayibuye!" [11 de julio de 1956; Cit. en Voices of Liberation: Albert Lutuli (1993)]
Ese año, Lutuli señalaba la respuesta que había visto, y la que esperaba de algunas iglesias frente a las medidas gubernamentales del apartheid:
"Hay una tendencia, especialmente en la sección africana de la Iglesia, a descartar a la política como asuntos mundanos. No esperamos que la Iglesia respalde ningún partido político o teoría, pero sí esperamos que arme a sus adherentes con los principios cristianos que les permitan emitir un juicio inteligente en términos de los principios cristianos en cualquier programa político o teoría. 
Si bien, se tiene la excepción de la Iglesia Reformada Holandesa y, puede ser que algunas iglesias luteranas que apoyan la Ley de Educación Bantú de 1953, no hay unanimidad entre los líderes de la Iglesia sobre qué hay que hacer con las escuelas en términos de la Ley de Educación Bantú; ha llegado a nosotros como una brisa refrescante el escucharles dar un categórico rechazo unánime de la Ley por razones de incompatibilidad de los principios cristianos con los principios y prácticas de apartheid inherentes a la Ley. 
En el Congreso Nacional Africano apoyamos el rechazo inflexible de la Ley por la Iglesia Católica Romana y las autoridades de la diócesis de Johannesburgo a cargo del Reverendo [anglicano] Ambrose Reeves. Este año será recordado por la condena pública inequívoca de la política de apartheid por un buen número de iglesias en la Unión Sudafricana y en el extranjero, sobre todo por la Iglesia de Inglaterra en Gran Bretaña. Fue alentador escuchar la condena del apartheid procedente de un órgano importante del mundo, como la Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias que recientemente se reunió en Evanston, Illinois, EE.UU. 
No debemos olvidar la visita a nuestro país de ese gran guerrero cristiano, Canon Collins. Agradecemos a Dios por hombres como Canon Collins que viven las palabras del himno cristiano que dice "Que se levante el valor con el peligro.[Presidential Address to the FortyThird Annual Conference of the African National Congress, Durban. Dic. 16-19- 1954  (Reddy, 1992:45)]
En una entrevista, Luthuli explicó algunas de las acusaciones que incentivaron contra él:
"Cuando iniciamos la Campaña de Desafío la gente de ella fue la del Congreso Nacional Africano y el Congreso Indio de Sudáfrica. Nadie honestamente podría decir que estas dos organizaciones estuvieran dominadas por los comunistas. Lo más verosímil sería [decir] que nuestro pensamiento fue influenciado por el éxito de la "resistencia pasiva no violenta" del Congreso Nacional Indio de la India. La gente que dice que la Campaña para el Desafío de Leyes Injustas fue iniciada por los comunistas olvidan que el comunismo nunca ha abrazado la "no violencia" como la filosofía básica para sus luchas... 
Ha llegado a mi conocimiento que la propaganda gubernamental contra mí ha tomado recientemente la forma de decirle a los Jefes que no deben asociarse conmigo, porque me fui a Estados Unidos en 1948, y obtuve ideas podridas allí. Pero cuando fui a Estados Unidos todos mis contactos fueron con iglesias, escuelas, colegios, y organizaciones como el Club Rotario. Nunca participé en una reunión política ni hice ningún contacto con ninguna organización política. De hecho mi programa fue hecho por una Junta de Misiones Norteamericanas en Boston, la cual me había invitado a emprender este viaje de la conferencia de nuestras Iglesias cristianas en los Estados Unidos." [Entrevista a Drum; Johannesburgo, enero de 1955]

Aquél año, la policía lo arrestó y le prohibió el permiso a hablar y le negó el permiso a salir durante otros dos años.  En 1956 expiró su restricción y asistió a una Conferencia de de la organización Acción Cristiana, en Londres, donde dijo:
"Aprendí con deleite que Acción Cristiana estaba organizando una reunión en Londres, Inglaterra, para hablar sobre la cuestión vital de los protectorados en Sudáfrica. Gracias al creciente espíritu de fraternidad en el mundo, especialmente entre aquellos hombres y mujeres que realmente creen en la justicia y el respeto equitativo en hermandad que trasciende raza, color, e incluso credo, estoy feliz de sentir que es el espíritu de hermandad lo que llevó a Acción Cristiana a invitarme a dar un mensaje de buena voluntad a esta reunión. Y por eso, también, conmovido por el mismo espíritu de comunión fraterna, les deseo en este encuentro la bendición de Dios. Yo oro para que sus deliberaciones pueden atraer con fuerza ante el pueblo y el Gobierno de la Gran Bretaña, las necesidades en los protectorados, y los deseos legítimos de sus habitantes.... 
Nunca es demasiado tarde para reparar. Este estado de cosas en los protectorados plantea un serio desafío para el gobierno británico, y el pueblo británico, para poner en marcha sin demora un programa coordinado de desarrollo integral audaz que entrene y aproveche el pueblo africano de este territorio para contribuir a ese desarrollo para el beneficio del pueblo. Dicho plan completo de desarrollo integral debe estar diseñado para dar a la gente la plena expresión en todas las esferas de la actividad humana: sociales, económicas, religiosas y políticas. Tal compromiso traería resultados beneficiosos. Bien podría ser un ejemplo práctico a otras potencias y dominios coloniales, de las posibilidades de obtener la cooperación de los pueblos africanos en un esquema de desarrollo, que no es un callejón sin salida cuando se trata del desarrollo político, y que no estén aseguradas por prácticas y reglamentos discriminatorios que impiden el libre desarrollo de los pueblos africanos, y que por tanto les vuelven frustrados y poco cooperativos. Bien puedo ver que un esquema de este tipo se ejecute correctamente, convirtiéndose en un estímulo para las fuerzas en otras partes del África colonial, entre ellas las de la Unión de Sudáfrica, y la Federación Centroafricana, para trabajar duro y con esperanza en la plena emancipación de los africanos en las tierras de su nacimiento, a pesar de las fuerzas hostiles que trabajan por la supremacía blanca. 
Es más adecuado y alentador que un encuentro como tal deba ser convocado por un grupo cristiano, porque la Iglesia de Cristo, si ha de ser fiel a la misión que le asigna su Maestro, debe desafiar audazmente la conciencia de los gobernantes y las personas para crear en los países las condiciones que aporten a la realización del programa de Cristo, el cual, Él enunció de ser "para dar buenas nuevas a los pobres, proclamar libertad a los cautivos, y sanación a los que están ciegos; para liberar a los oprimidos, para proclamar el año favorable del Señor." [Isaías 61:1-2; Lucas 4:18].... 
Hablo como el perteneciente a un grupo oprimido (los no blancos en la Unión de Sudáfrica) donde, leyes opresivas discriminatorias, con creciente intensidad, se están implementando en gran medida sobre los no blancos. Estamos atestiguando un ataque terrible por la política de apartheid del Gobierno Nacionalista, en libertades civiles limitadas que, más o menos, hasta ahora tienen los no blancos. Esto está provocando sufrimiento humano sin precedentes en los no blancos en el país: desplazamiento desastroso de personas de sus hogares establecidos desde hace tiempo, amordazamientos y destierros de personas que protestan contra estas y otras injusticias atroces, están a la orden del día. 
Pero todavía no estamos desanimados. Nos alienta en nuestra lucha por la libertad el ver nuestra postura ante el apartheid reivindicada por la justicia de nuestra causa contraria, y el crecimiento indudable de la frente de libertad en nuestro país. También es alentador para nosotros encontrar que nuestra causa atrae el apoyo de organizaciones como la suya. Quiero decir con toda sinceridad lo mucho que apreciamos el apoyo moral que estamos recibiendo de la Acción Cristiana, y otras agencias cristianas y seculares en muchas tierras.
¡Que viva la justicia y el respeto equitativo!¡Que viva la libertad!¡Larga vida a África!¡África!"
(Luthuli, cit. en Reddy, 1992:63-65)


Ese año, en una carta dirigida al Primer Ministro de Sudáfrica, Lutuli escribía: 
"Creemos en una sociedad en la que las personas blancas y no-blancas en Sudáfrica puedan vivir en armonía por el bien común de nuestra patria, compartiendo con equidad las buenas cosas de la vida que nuestro país nos puede brindar en abundancia. Creemos en la hermandad de los seres humanos,  en el sostenimiento del respeto y dignidad humanas. Mi Congreso jamás ha difundido odio por ningún grupo racial de Sudáfrica. Por el contrario, ha extendido su mano de amista a todos los sudafricanos de todas las razas, enfatizando que hay suficiente espacio para todos en este bello país nuestro en el que podemos y debemos vivir en paz... 
...Creemos que el estrecho contacto espiritual y moral facilitado por una estructura de sociedad común, hace que en una nación sea más fácil desarrollar la amistad y el respeto y el entendimiento entre los diversos grupos de una nación mutua; esto es especialmente valioso en una nación multirracial como la nuestra y estas cualidades - la amistad, el respeto y el entendimiento mutuo, y una lealtad común - son una condición sin la cual no se podría la construcción de una nación verdaderamente unida de una sociedad heterogénea. En nuestra visión, no va a ser fácil desarrollar una lealtad común en Sudáfrica cuando su gente, por ley, se mantiene estrictamente separada espiritualmente y socialmente. Tal estado de cosas es probable que dé lugar a temores y sospechas injustificadas que a menudo conducen a odios mortales entre la población y, más a menudo, a antagonismos desastrosos dentro de la nación.  
Por último, tenemos la opinión de que el concepto de una sociedad común, a diferencia del apartheid, cumple en mayor medida el temprano contacto tradicional más cercano entre negros y blancos. Esto, sin duda, explica la forma relativamente rápida en que los africanos, desde los días de estos primeros contactos, para su propio beneficio y el de Sudáfrica en su totalidad, tomaron y absorbieron las enseñanzas cristianas con bastante rapidez y la educación que la acompañaba." [Call for a Dialogue (Llamado a un diálogo): Carta al Primer Ministro J. H. Strijdom, Mayo 28, 1957. Cape Town. Reddy, 1992:99-102]
A pesar de su integridad y respeto diplomético, ese año, Lutuli volvió a ser arrestado en una Conferencia de la CNA en la cual, junto a 155 personas, se le encarceló por alta traición hasta 1957. 

Más tarde sería confinado de nuevo a un arresto domiciliario en el que no se le dejaba salir de su pueblo hasta 1959, pero en medio de esto, dio un discurso en 1958, en donde dijo:
"A menudo solemos decir que lo que hacemos, lo hacemos para la posteridad. Es una afirmación muy peligrosa de hacer porque la posteridad puede deparar cosas muy diferentes que nosotros; podemos encontrar a la posteridad escupiendo en nuestra tumba. No reclamemos la autoridad de la posteridad en nuestros fracasos al protestar en el camino de la democracia. Creo que fue Jan Hofmeyer quien dijo: "Después de haber plantado, ve con fe". No te estés preocupando por otras cosas. Ve con fe y cree en la cordura de la posteridad. 
Hay en la Biblia un versículo que dice que todos los que son cobardes, todos los que se hacen apáticos debido a las dificultades que hubo antes que ellos, y huyen de la lucha, no serán capaces de llegar a ese lugar glorioso. También dice que los cobardes tendrán su parte junto con los malhechores [Apocalipsis 21:8]...  
No quiero creer que todos los que estemos aquí le fallemos a Sudáfrica por ser cobardes y apáticos. Creo que todos haremos todo lo posible, sin importar las dificultades que se presenten, para la realización de esta gloriosa Sudáfrica democrática que soñamos." 
[Our vision is a democratic society" Speech at Public Meeting for Europeans organised by the Congress of Democrats, Johannesburg, 1958; Reddy, 1992:132]

Aquel año asistió a varias reuniones, pero cuando estaba por acabarse la prohibición, otra vez se le negó prohibió viajar durante un periodo de cinco años. En estos años, Lutuli señalaba el tropiezo que el Apartheid estaba causando por igual en el evangelismo y la educación en el país:
"Las Iglesias cristianas se ven obstaculizadas en gran medida en su ministerio entre los africanos en las zonas urbanas y rurales debido a las leyes y reglamentos del apartheid. En el mundo occidental, las escuelas de las iglesias, con énfasis en la educación cristiana, coexisten junto con las escuelas estatales, pero no en la Unión Sudafricana, en el caso de los africanos.  
No podría ser el temor de la influencia comunista. Ciertamente no en la escuela de iglesia. ¿Cuál es el miedo entonces? La supremacía blanca se mantiene a un alto costo para el país. No es mera retórica decir que el apartheid está demostrando ser un Frankenstein. Está afirmando una realidad que se despliega.  
La opresión en cualquiera de sus formas no puede pagar los dividendos nacionales. Los estadistas sabios hipotecarán el futuro de un país por buena voluntad, por la unidad, por la justicia y por el juego limpio entre la población sobre la base de "Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos" [Lc. 6:31]...  
Dentro de Iglesia Cristiana, las voces condenatorias del apartheid son cada vez más vigorosas y más frecuentes en su denuncia del mismo. "   
[The Liberation Struggle on in Earnest Presidential Address to the 47th Annual Conference of the African National Congress, Durban, 12/ 12/ 1959. (Reddy, 1992:157-159)]
En 1960, hubo una gran protesta en masa contra las regulaciones de pases, lo que llevó a la masacre de Sharpeville, en la cual, la policía disparó a la multitud, matando a hiriendo a muchos. Se declaró "estado de emergencia" y se arrestó a muchos. A Luthuli se le llamó a testificar en el juicio de traición que se había prolongado desde 1956, y él fue uno de los arrestados. 

A pesar de que en su arresto domiciliario se le negó a salir fuera de su pueblo, se le prohibió participar en protesta alguna, y se le quitó el derecho de hablar en un debate abierto, Luthuli se relacionó con la Hermandad Internacional de Reconciliación, que había abierto una rama local en Rodesia del Sur, y siguió manteniendo su política declarada, expresando sus puntos de vista en artículos que fueron publicados en el periódico Post

Justo antes de la prohibición de viaje que se le impuso, en diciembre de 1959, había escrito un largo artículo titulado "Fifty Years of Union- Political Review", que envió al Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales. En este artículo, atacó las políticas del gobierno sudafricano de manera durísima y más detallada de lo que jamás lo había hecho. Escribió: 
"¿Quién ha hecho las restricciones?. No aquellos que las siguen (los que no son blancos), sino los blancos en el poder. Los que no son blancos no tienen derechos. Por lo tanto no hay razón, por la cual se regocijen o participen en la celebración del cincuenta aniversario [de la República]." 
Tras repetidos arresto y prohibiciones de vivir en su barrio, en 1960, Luthuli quemó públicamente su pase (el documento todos los africanos estaban obligados a llevar), por lo que fue arrestado y multado. Nelson Mandela fue su abogado defensor, y, lejos de servir con el propósito de ocultar la situación del trato a los negros africanos, el incidente se volvió el centro de atención mundial sobre las políticas raciales represivas del régimen. Sudáfrica fue excluída de la Commonwealth. 

El Congreso Nacional Africano fue disuelto en abril de 1960 por orden del gobierno, el cual también disolvió en Congreso Pan-Africano y encarceló a sus líderes. Luthuli fue declarado culpable, multado y encarcelado, pero debido a su estado de salud, no muy bueno, se le confinó a arresto domiciliario en soledad. 

Luthuli se había vuelto una respetada figura en círculos internacionales y su destacada lucha pacífica y no-violenta a lo largo de su carrera de activismo político, hizo que ese mismo año fuese galardonado con el Premio Nobel de la Paz de 1960. Era el primer africano en recibir dicho reconocimiento y la intervención internacional permitió que durante 10 días, Luthuli tuviera la oportunidad de salir del país con su esposa. Viajó a Oslo, Noruega, donde asistió a las ceremonias del Premio Nobel y el 10 de diciembre:
"... presento humildemente mi discurso de aceptación de este gran honor; un gran honor que siento que soy el que menos lo merece... 
Este año, como en los años anteriores a este, la humanidad ha pagado por el mantenimiento de la paz, el precio de muchas vidas. Fue en la causa de sus actividades en beneficio de la paz que el fallecido Dag Hammarskjöld perdió la vida. De su trabajo mucho se ha escrito, pero me gustaría aprovechar esta oportunidad para decir lo mucho que lamento que él no está con nosotros para recibir el ánimo de este servicio que él ha prestado a la humanidad... 
Podría pausar aquí y cambiar, amigos, para decir que yo pensaba en esta desafortunada ocasión que provocó la muerte de Dag Hammarskjöld. Recuerdo las muchas vidas que se han perdido en África, empezando por la del antiguo Livingstone, hasta el día de hoy. Vidas dignamente perdidas para redimir África. Fue significativo que haya sido en África, mi continente natal, que él perdió su vida. Cuántas veces sus decisiones contribuyeron a evitar una catástrofe mundial, nunca se sabrá. Pero hubo muchas de esas ocasiones, estoy seguro. Pero no puede haber ninguna duda de que él dirigió a las Naciones Unidas a través de una de las etapas más difíciles de su historia. Su ausencia hoy en día debería ser una lección perdurable para todos los amantes de la paz, y un desafío a las naciones del mundo para eliminar aquellas condiciones en África, más aún, en cualquier lugar, que provocaron el trágica y prematuro fin de su vida... 
Sólo puede ser en nombre del pueblo de Sudáfrica, de todo el pueblo de Sudáfrica, especialmente por las personas amantes de la libertad, que acepto este premio, que reconozco este honor. Lo acepto también como un honor no sólo para Sudáfrica, sino para todo el continente africano, a este continente, ¡la Madre África! Para todas sus personas, cualquiera que pueda ser su raza, color o credo, y de hecho, amigos, me gustaría decir, que desde hace mucho tiempo mis antepasados extendieron una mano de amistad con la gente de Europa cuando llegaron a ese continente. Qué ha pasado con la extensión de esa mano, sólo la historia lo puede decir, y no es momento de hablar de eso aquí, pero me gustaría decir, al recibir este premio de la paz, que la mano de África se extendió. Era una mano de amistad, si ustedes leen la historia. 
Es un honor para la gente amante de la paz en el mundo entero, y un estímulo para que todos nosotros redoblemos nuestros esfuerzos en esta lucha por la paz y la amistad, o verdaderamente, necesitamos en este mundo nuestro, en el momento actual, de la paz y ña amistad. Estos se están volviendo productos muy raros en el mundo. Por mi parte, estoy profundamente consciente de la responsabilidad añadida que supone este premio. Tengo la sensación de que se me ha hecho responsable por el futuro de los pueblos de África del Sur, porque si no hay paz para la mayoría de ellos, no hay paz para ninguno. Como he dicho, es ocioso hablar de paz en cualquier lugar, cuando hay personas que siguen sufriendo bajo la opresión. Sólo puedo rogar, amigos, que el Todopoderoso me de la fuerza para hacer que mi humilde contribución a la solución pacífica de Sudáfrica de, y de hecho, los problemas del mundo, porque no es solo Sudáfrica o África; hay otros partes del mundo donde hay tensiones, y esos lugares son muy necesitados de paz, tanto como lo estamos en mi propio continente, tanto como lo estamos en mi propia área de Sudáfrica...  
Es tan fácil admirar a una persona, admirar lo que él o ella defendió o representó, y sin embargo, rehuir de la misión que hay que eliminar en el presente. El reto, amigos, es que vivamos los ideales que Nobel trató de defender en el mundo como se consagra en el Premio Nobel de la Paz y otros premios que legó a la humanidad. Las invenciones científicas, en todos los niveles imaginables deben enriquecer la vida humana, no amenazar la existencia. La ciencia debe ser la mejor aliada, no la peor enemiga de la humanidad. Sólo así podrá el mundo, responder no sólo a los esfuerzos dignos de Nobel, sino también prevenirse de la autodestrucción. Verdaderamente, el reto para nosotros es prevenir al mundo de la autodestrucción. En nuestra contribución a la paz estamos decididos a poner fin a los males tales como la opresión, la supremacía blanca y la discriminación de raza, todos los cuales son incompatibles con la paz y la seguridad mundiales. Hay, en efecto, una amenaza a la paz.   
En algunos sectores, a menudo se pone en duda si la situación en Sudáfrica es una amenaza a la paz. No hay duda de que cualquier situación en la que los hombres tienen que luchar por sus derechos, es una amenaza para la paz. Se nos alienta a saber, por la propia naturaleza del laudo dictado por 1960, que en nuestros esfuerzos, estamos sirviendo a nuestros semejantes en todo el mundo. 
Que pronto llegue el día en el que la gente del mundo se despierte a sí misma, y junta erradique con eficacia cualquier amenaza a la paz que se pueda encontrar en cualquier parte del mundo. Cuando llegue ese día, habrá "paz en la tierra y buena voluntad entre los hombres", como fue anunciado por los ángeles cuando ese gran mensajero de la paz, nuestro Señor, vino a la tierra." [Luthuli. Discurso de aceptación del Premio Nobel, 10 de diciembre, 1960]

Al día siguiente, pronunció un discurso llamado "África y Libertad" en el que declaraba:
"En años pasados, algunos de los más grandes hombres de nuestro siglo han estado aquí para recibir este premio; hombres cuyos nombres y hazañas han enriquecido las páginas de la historia humana, hombres que las generaciones futuras considerarán haber dado forma al mundo de nuestro tiempo. Nadie podía quedar indifente al ser sacado de la aldea de Groutville (un nombre que muchos de ustedes nunca han escuchado antes y que ni siquiera cuentan en muchos mapas), al ser sacado del destierro en un remanso rural, al ser levantado de los estrechos confines de la política interna de Sudáfrica y colocado aquí en la sombra de estas grandes figuras. Es un gran honor para mí estar en esta tribuna, donde muchos de los grandes hombres de nuestro tiempo han estado antes. 
El Premio Nobel de la Paz que me ha traído aquí tiene para mí un significado triple. Por un lado, es un homenaje a mi humilde contribución a los esfuerzos de los demócratas en ambos lados de la línea de color para encontrar una solución pacífica al problema racial. Esta contribución no es de ninguna manera única. Yo no inicié la lucha para extender el ámbito de la libertad humana en Sudáfrica; otros patriotas africanos, hombres devotos, lo hicieron antes que yo. Yo también, como cristiano y patriota, no podía quedarme mirando mientras se hacían intentos sistemáticos, casi en todos los departamentos de la vida, de envilecer el factor de Dios en el hombre o de fijar un límite más allá del cual el ser humano en su forma de negro no podría esforzarse por servir a su Creador a la medida de sus posibilidades. Permanecer neutral en una situación en la que las leyes de la tierra prácticamente criticaban a Dios por haber creado a los hombres de color, era el tipo de cosas que, yo como cristiano, no podía tolerar.   
Por otra parte, el premio es una declaración democrática de solidaridad con los que luchan para ampliar el área de la libertad en mi parte del mundo. Como tal, es una especie de gesto que me da a mí y a los millones de personas que piensan como yo, un estímulo tremendo. Todavía hay gente en el mundo el día hoy que considera que el problema racial de Sudáfrica es como un simple choque entre el blanco y el negro. Nuestro gobierno ha proyectado cuidadosamente esta imagen del problema ante los ojos del mundo. Esto ha tenido dos efectos. Se ha confundido a los problemas reales en cuestión de la crisis racial. Le ha dado una especie de fuerza a la afirmación del gobierno de que el problema de la raza es un asunto interno de Sudáfrica. Esto, a su vez, ha tendido a reducir el área sobre la cual nuestra cuestión podría ser entendida mejor en el mundo. 
Desde otro ángulo, es bienvenido reconocimiento del papel desempeñado por los pueblos africanos durante los últimos cincuenta años para establecer, con toda tranquilidad, una sociedad en la que el mérito, y no la raza, establecería la posición del individuo en la vida de la nación.  
Este premio no podría ser solamente para mí, ni solamente por Sudáfrica, sino por África en su totalidad. África actualmente está de lo más profundamente desgarrada por luchas y amargamente atacada por conflictos raciales. Qué extraño, entonces es que un hombre de África esté aquí para recibir un premio otorgado por el servicio a la causa de la paz y la fraternidad entre los hombres. Ha habido poca paz para África en nuestro tiempo. Desde el extremo más septentrional de nuestro continente, donde la guerra se ha prolongado durante siete años, hasta el centro y al sur hay batallas que se libran, algunas con armas, algunas sin ellas. En mi propio país, en el año 1960, en el cual se da este premio, hubo un estado de emergencia durante muchos meses. En Sharpeville, un pequeño pueblo, en una sola tarde, sesenta y nueve personas fueron asesinadas a tiros y 180 heridas por pequeñas armas de fuego; y en algunas partes como el Transkei, el estado de emergencia aún continúa. El nuestro es un continente en revolución contra la opresión. Y la paz y la revolución son vecinos que se incomodan. No puede haber paz hasta que sean derrocadas las fuerzas de la opresión.    
Nuestro continente ha sido tallado por grandes potencias; gobiernos extranjeros se han impuesto al pueblo de África por conquista militar y por dominación económica; esfuerzos por la nacionalidad y la dignidad nacional han sido batidos por la coherción; la economía tradicional y las costumbres antiguas se han interrumpido, y las capacidades humanas y la energía han sido aprovechadas en beneficio de nuestros conquistadores. En estos tiempos no ha habido paz; no podría haber fraternidad entre hombres.
Pero ahora, las agitaciones revolucionarias de nuestro continente están dejado el pasado a lado. Nuestra gente en todas partes del norte al sur del continente está reclamando sus tierras, su derecho a participar en el gobierno, su dignidad como hombres, su nacionalidad. Así, en el torbellino de la revolución, la base para la paz y la fraternidad en África está siendo restaurada por la resurrección de la soberanía nacional y la independencia, de la igualdad y la dignidad del hombre...   
Aunque hablo de África como una sola entidad, ésta se divide en muchas formas, por raza, idioma, historia y costumbres; por fronteras políticas, económicas y étnicas. Pero, en verdad, a pesar de estas múltiples divisiones, África tiene un único objetivo común y un único objetivo: el logro de su propia independencia. Toda Africa, tanto en tierras que han ganado sus victorias políticas pero tienen todavía que superar el legado de atraso económico, como en las tierras como las mías cuyas batallas políticas tienen aún que concluirse, toda África tiene este único objetivo: nuestro objetivo es un África unida en los que los niveles de vida y libertad estén en constante expansión; en el que el antiguo legado de analfabetismo y la enfermedad se haga a un lado; en el que la dignidad del hombre sea rescatado por debajo de los tacones con los que el colonialismo han pisoteado...    
Hay una paradoja en el hecho de que África califica para un premio como éste en su época de agitación y revolución. ¡Cuán grande es la paradoja y cuánto mayor es el honor que un laudo a favor de la paz y la hermandad del hombre, llegue a alguien que es un ciudadano de un país en el que la hermandad del hombre es una doctrina ilegal, ilícita, prohibida, censurada, proscrita y vedada; en dónde trabajar, hablar, o participar en una campaña para la realización de hecho y la acción de la hermandad del hombre, es peligroso, castigado con el destierro, o la reclusión sin juicio o prisión; en donde los canales democráticos eficaces para la solución pacífica del problema de la raza nunca han existido estos 300 años; y donde el poder de la minoría blanca descansa en la máquina militar más fuertemente armada y equipada en África. Esto es Sudáfrica.       
No es necesario que yo hable extensamente sobre Sudáfrica; su sistema social, su política, su economía y sus leyes, que han llamado la atención del mundo. Es una pieza de museo para nuestro tiempo, una resaca del pasado oscuro de la humanidad, una reliquia de una época que en cualquier otro lugar está muerta o moribunda. Aquí, la secta de la superioridad racial y la supremacía blanca es adorada como una diosa. Pocas personas blancas escapan a la corrupción, y muchos de sus hijos aprenden a creer que los hombres blancos son, sin duda, superiores, eficientes, inteligentes, trabajadores y capaces; que los hombres negros son, todos, sin duda, inferiores, perezosos, estúpidos, malos, y torpes. Con base a la mitología que que los más pequeños de ellos son mejores que el más grande de nosotros, se afirma que los hombres blancos construyen todo lo que vale la pena en el país, sus ciudades, sus industrias, sus minas, y su agricultura, y que, por lo tanto, sólo ellos están equipados y con derechos plenos a poseer y controlar estas cosas, mientras que los hombres negros son sólo temporales extranjeros en estas ciudades, aptos solamente para trabajos domésticos, y no aptos para compartir el poder político. El primer ministro de Sudáfrica, Dr. Verwoerd, entonces ministro de Asuntos bantúes, al explicar la política de su gobierno en la educación en África dijo lo siguiente: "No hay lugar para (el africano) en la comunidad europea, por encima del nivel de cierta formas de trabajo." Casi no hay nada nuevo en esta mitología. Cada parte de África que ha sido objeto de conquista blanca, en un momento u otro, y de una forma u otra, ha sufrido por esto, incluso en su forma más virulenta de esclavitud que se hizo en África hasta el siglo XIX.     
El rasgo mitigante en la penumbra de esos días lejanos fue el rayo de luz que descendió por las misiones cristianas, un rayo de luz al que le debemos nuestra ilustración inicial. Con los sucesivos gobiernos de la época haciendo poco o nada para aliviar el sufrimiento desgarrador del hombre negro a manos de los esclavistas, hombres como el Dr. David Livingstone y el Dr. John Philip y otros hombres ilustres de Dios, se levantaron para defender la justicia social frente a probabilidades abrumadoras. Vale la pena señalar que los nombres a los que me he referido son todavía anatemas para algunos sudafricanos. De ahí que el fantasma de la esclavitud perdure hasta nuestros días en forma de trabajo forzado que tiene lugar en lo que se llaman las cárceles de granja. Pero la tradición de Livingstone y Philip vive, perpetuada por algunos pocos que siguen su ejemplo. Es justo decir que, incluso en las condiciones actuales, las misiones cristianas han estado a la vanguardia de iniciar los servicios sociales que se nos brinda a nosotros. Nuestro progreso en este campo ha sido «a pesar de», y no principalmente «a causa de» el gobierno.  
En esto, la Iglesia en Sudáfrica, aunque con retraso, parece estar despertando a una misión más amplia que la de la iglesia, en su ministerio entre nosotros. Empieza a tomarse en serio las palabras de su Fundador, quien dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia." [Juan 10:10]. Este es un llamado a la Iglesia en Sudáfrica para ayudar en el desarrollo integral del hombre en el presente, y no sólo en el más allá. En este sentido, el pueblo de Sudáfrica, especialmente aquellos que dicen ser cristianos, harían bien en prestar atención a las decisiones de la Conferencia del Consejo Mundial de Iglesias celebrada en Cottesloe, Johannesburgo, en 1960, lo que dio una ventaja clara sobre la misión de la iglesia en nuestros días. Esta no dio lugar para que haya dudas sobre la relevancia del mensaje cristiano en las presentes cuestiones que confronta la humanidad. Tomo con gratitud esta perspectiva más amplia del Consejo Mundial de Iglesias. Tiene un gran significado e importancia para nosotros en África.    
No hay nada nuevo con las ideas del apartheid de Sudáfrica, pero Sudáfrica es única en esto: que las ideas no sólo sobreviven en nuestra era moderna, sino que son aferrádamente defendidas, ampliadas y reforzadas por la legislación en un momento en que, en la mayor parte de la mundo, ahora son en gran parte, algo de la historia, o bien, se están escondido vergonzosamente detrás de formulaciones ocultas, o están siendo desechadas constantemente. Tales ideas sobreviven en Sudáfrica porque quienes las patrocinan sacan provecho de ellas. Proporcionan blanqueamiento moral para las condiciones que existen en el país: por el hecho de que el país está gobernado exclusivamente por un gobierno blanco elegido por un electorado exclusivamente blanco, que es una minoría privilegiada; por el hecho de que el ochenta y siete por ciento de la tierra y todo lo mejor de la tierra agrícola al alcance de la ciudad, el mercado y los ferrocarriles, estén reservados para la propiedad y ocupación del blanco, y ahora, a través de las recientes legislaciones sobre áreas, lo que no son blancos están perdiendo más tierra por la avaricia blanco; por el sólo hecho de que todos los trabajos calificados y muy bien pagados sean para los blancos; por el hecho de que todas las universidades de cualquier mérito académico sean conservadas exclusivamente para los blancos; por el hecho de que la educación de cada niño blanco cueste unos 64€ al año, mientras que la de un niño africano cuesea unos 9€ al año y la de un niño indio o de color cueste alrededor de £20 al año; por el hecho de que la educación blanca es universal y obligatoria hasta los dieciséis años, mientras que la educación para los niños no blancos es escasa e inadecuada; y por el hecho de que casi un millón de africanos al año sean detenidos y encarcelados o multados por infracciones de leyes de pases y permisos innumerables, que no se aplican a los blancos.     
Yo podría continuar con este tono y hablar sobre todas las facetas de la vida sudafricana desde la cuna hasta la tumba. Pero estos hechos hoy en día son cada vez más conocidos por todo el mundo. Un centro de atención feroz de atención mundial se ha lanzado sobre ellos. Traten de usar, como nuestro gobierno y sus defensores lo harán, palabras melosas sobre "desarrollo separado" e "independencia" eventual en los llamados "territorios bantúes"; nada puede ocultar la realidad de las condiciones de Sudáfrica. Yo, como cristiano, siempre he sentido que hay una cosa que es imperdonable por encima de todo "apartheid" o "desarrollo separado". Me parece que es la indiferencia total al sufrimiento de las personas individuales, que pierden sus tierras, sus casas, sus empleos, en la búsqueda de lo que es sin duda el sueño más terrible en el mundo. Esta terrible sueño no es sostenido por un grupo de chiflados en la periferia de la sociedad, ni por hombres del Ku Klux Klan, de los cuales tenemos una aspersión. Es la política deliberada de un gobierno, apoyado activamente por una gran parte de la población blanca, y tolerado pasivamente por una abrumadora mayoría blanca, pero ahora, afortunadamente rechazada por una minoría blanca que han echado su suerte con los que no son blancos, que se oponen abrumadoramente al llamado desarrollo separado.
Así es como la edad de oro de la independencia de África es también la edad oscura de la declinación y retroceso de Sudáfrica, provocada por hombres que, cuando tenían lugar cambios revolucionarios que afianzaban los derechos humanos fundamentales en Europa, fueron cerrados en la punta de Sudáfrica, y así, se perdió el viento de cambio progresivo.  
Es muy posible que el sistema social de Sudáfrica sea un monumento al racismo y a la opresión raza, pero su pueblo es el testimonio vivo del espíritu indomable de la humanidad. A lo largo de los años, en contra de obstáculos aparentemente abrumadores, han buscado la meta de la vida más plena y la libertad, luchando con la increíble determinación y fortaleza por el derecho a vivir como hombres, hombres libres. En esto, nuestro país no es único. Su historia reciente e inspiradora, cuando las potencias del Eje invadieron la mayoría de los estados europeos, es testimonio de ese espíritu indomable de la humanidad. La gente de Europa formó movimientos de resistencia que finalmente ayudaron a romper el poder de la combinación del nazismo y el fascismo, con su credo de arrogancia raza y mentalidad Herrenvolk.
Cada pueblo, en un momento u otro de su historia, se ha sumido en tal lucha. Pero en general, el paso del tiempo ha visto las barreras caer por la libertad, una por una. No es así en Sudáfrica. Aquí las barreras no bajan. Cada paso que damos hacia adelante, cada logro que se logra, se anula por la crianza de nuevas y más elevadas barreras contra nuestro avance. Las barras de color no se debilitan; se hacen más fuertes.. Con demasiada frecuencia, las protestas y manifestaciones de nuestro pueblo han sido golpeadas por la fuerza; pero nunca han sido silenciadas.  
A través de todo este trato cruel en nombre de la ley y el orden, nuestro pueblo, con unas pocas excepciones, se ha mantenido no-violento. Si hoy este premio de la paz se da a Sudáfrica a través de un hombre negro, no se debe a que en Sudáfrica hayamos ganado nuestra lucha por la paz y la fraternidad humana. Lejos de ello. Tal vez estamos más lejos de la victoria que cualquier otro pueblo de África. Pero nada de lo que hemos sufrido a manos del gobierno, no ha hecho retroceder en nuestro camino de la resistencia disciplinada. Es por esto, creo yo, que se da este premio. 
Qué fácil hubiera sido que en Sudáfrica los sentimientos naturales de resentimiento por la dominación blanca se hubiesen convertido en sentimientos de odio y deseo de venganza contra la comunidad blanca. Aquí, donde todos los días, en todos los aspectos de la vida, todos los no blancos se enfrentan a la señal omnipresente "Sólo para europeos" y al policía ubicuo que lo hace cumplir, aquí bien podría haberse que un racismo igual al de sus opresores florecería a contrarrestar la arrogancia blanco hacia los negros.    
Qué fácil hubiera sido que en Sudáfrica los sentimientos naturales de resentimiento por la dominación blanca se hubiesen convertido en sentimientos de odio y deseo de venganza contra la comunidad blanca. Aquí, donde todos los días, en todos los aspectos de la vida, todos los no blancos se enfrentan a la señal omnipresente "Sólo para europeos" y al policía ubicuo que la hace cumplir, aquí bien podría haberse esperado que un racismo igual al de sus opresores florecería a contrarrestar la arrogancia blanco hacia los negros. Que no se haya hecho así, no es un accidente. Se debe a que, de manera deliberada y con conocimiento, el liderazgo africano de los últimos cincuenta años, con la inspiración del Congreso Nacional Africano, que tuve el honor de dirigir la última década más o menos hasta que fue prohibido, se había fijado firmemente contra la vanagloria racial. Sabemos que, al hacerlo, pasamos dejar la oportunidad para un recurso fácil demagógico a las pasiones naturales de un pueblo que se le niega la exención y la libertad; se descartó la posibilidad de una apelación emocionalmente simple y conveniente. Nuestra visión siempre ha sido una Sudáfrica no racial, democrática que defienda los derechos de todos los que viven en nuestro país y permanecen allí como ciudadanos con pleno derecho, igualdad de derechos y responsabilidades con todos los demás. Para la consumación de este ideal hemos trabajado sin pestañear. Vamos a seguir con el trabajo sin pestañear...
Cualquiera que sea el futuro de nuestros esfuerzos por la libertad, nuestra causa es la causa de la liberación de personas a las que se les niega la libertad. Sólo sobre esta base puede fundarse firmemente la paz de África y del mundo. Nuestra causa es la causa de la igualdad entre las naciones y los pueblos. Sólo así puede establecerse firmemente la hermandad del hombre. Es alentador y regocijante recordarles que, a pesar de su humillación y tormento a manos de dominio blanco, el espíritu de África en búsqueda de libertad ha sido, en general, por medios pacíficos en todo lo posible. 
Si he hablado largamente sobre el problema de la raza en mi país, no es como si otros países de nuestro continente trabajen con estos problemas, sino porque es aquí en la República de Sudáfrica, que el problema racial es más agudo. Tal vez en ningún otro país del continente el problema de la supremacía blanca se afirma con mayor vigor y determinación y un sentido del deber. Esto coloca a los opositores del apartheid en la primera fila de los que luchan por dominación blanca. 
Al llegar al fin de mi discurso, permítanme invitar a África a echar sus ojos más allá del pasado y en cierta medida al presente, con sus problemas y tribulaciones, sus pruebas y fracasos y algunos éxitos, y verse a sí misma como un continente emergente, emergiendo por la libertad a través del cascarón de siglos de servidumbre. Esta es la era de África - el amanecer de su cumplimiento, sí, el momento en que debe lidiar con el destino para llegar a las cumbres de la sublimidad, diciendo: La nuestra era una lucha por nobles valores y fines dignos, y no por tierras y esclavitud del hombre .
África es un tema de vital importancia en el mundo de hoy, un punto focal de interés y preocupación mundial. ¿No será que la historia ha retrasado su renacimiento con un propósito? La situación la enfrenta con retos ineludibles, pero sobre todo, con oportunidades de servicio a sí misma y a la humanidad. Evade los retos y deja de lado las oportunidades, para su vergüenza, si no para su perdición. Cómo ve África su destino es una búsqueda más vital y gratificante que lamentar su pasado, con sus humillaciones y sufrimientos:
Este discurso no podría hacer nada más que plantear algunas preguntas y dejar que los líderes y los pueblos para proporcionen respuestas y réplicas satisfactorias en su preocupación por valores más altos y por sus nobles acciones africanos que podrían ser:

"Huellas en las arenas del tiempo
Huellas, que tal vez otros,
Navegando sobre la solemne alta mar de la vida,
Un hermano triste y náufrago, 
Al verlas, no se desanime y recobre el corazón." 
[Un Salmo de la Vida; Henry Longfellow]

...En un mundo convulsionado, tambaleándose al borde de la destrucción total de las armas nucleares del hombre, un África libre e independiente se está formando, en respuesta a la medida cautelar y al desafío de la historia: "»¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!" [Isaías 60:1]. Actuando conforme a otras naciones, ella es la última esperanza del hombre por un Mediador entre el Este y el Oeste, y se le demanda a las grandes potencias que "vuelvan sus espadas en rejas de arado" [Isaías 2:4] porque dos tercios de la humanidad tiene hambre y analfabetos; para participar de la energía humana, la habilidad humana, y el talento humano al servicio de la paz, porque la alternativa es impensable, la guerra, la destrucción y la desolación; y para construir una comunidad mundial que se mantenga como un monumento duradero para los para millones de hombres y mujeres, para tales ciudadanos devotos y distinguidos del mundo y luchadores por la paz como el fallecido Dag Hammarskjöld, que han dado sus vidas para que podamos vivir en felicidad y en paz.
La capacidad de África para esta noble tarea es indiscutible, porque su propia lucha nunca ha sido ni es ahora una lucha por la conquista de la tierra, por la acumulación de la riqueza o por la dominación de los pueblos, sino por el reconocimiento y la preservación de los derechos del hombre y el establecimiento de un mundo realmente libre para un pueblo libre." [Lutuli. Discurso Nobel: Africa y Libertad. Nobelprize.org. Nobel Media AB 2014. Web. 16 Dec 2014]
Al regresar a su país, las autoridades sudafricanas le liberaron finalmente de su arresto domiciliario, pero siguieron vigilando sus pasos. También fue en esos años cuando una considerable cantidad de negros sudafricanos comenzaron a rechazar su filosofía de no-violencia.

En 1962, Albert publicó su libro autobiográfico "Let my people go" (Dejad ir a mi pueblo), en donde explicaba su adherencia a la no-violencia, su lucha por la emancipación de las etnias negras de Sudáfrica, y mencionaba que desde el inicio de su activismo:
"Se volvió claro para mí que la fe cristiana no era un asunto privado sin relevancia en la sociedad. Era, mas bien, una creencia que nos equipaba en una manera única para enfrentar las dificultades de nuestra sociedad, y nuestras muchas acciones (que se extendían desde la enseñanza de la Escuela Dominical a la construcción de carreteras) se volvieron significativas como la válvula de escape de la creencia cristiana." [Luthuli, Ley My People Go!. Cit. en Kretzschmai, p. 4. (Boesak, 2005:111)]
"La lucha debe continuar, la lucha para hacer la oportunidad de que la estructura comience. La lucha continuará. Hablo humildemente y sin levedad cuando digo que, con Dios dándome fuerza y valentía suficientes, moriré, si es necesario, por esta causa. Pero no quiero morr hasta que haya visto que ha comenzado la construcción. Mayibube Africa! (¡Vamos África!") [Ellsberg, 1997: 311]. 
En esa época, el Reverendo Martin Luther King Jr unió esfuerzos con Albert Lutuli y ambos publicaron una carta que fue distribuida por el Comité Americano en África. El escrito se tituló: "Appeal for action" (Llamado a la Acción), donde juntos pedían la intervención extranjera para terminar con el Apartheid:
"...Ahora, en el marco de la nueva ley sobre "sabotaje", desafiar la segregación es arriesgarse a la pena de muerte. En tales condiciones, no es exagerado decir que doce millones de personas en mi pueblo les buscan a ustedes. Porque no podremos obtener la igualdad sin la ayuda del mundo exterior. 
Esta ayuda del exterior es precisamente lo que propone la Comisión Interamericana de África. Como se indica en la copia adjunta, la apelación del Comité Estadounidense "Llamado a la Acción Contra el Apartheid" se proyecta para presionar a Sudáfrica en el ámbito internacional, presión para el cambio antes de que sea demasiado tarde, antes de que estemos atrapados en una sangrienta revuelta que necesariamente se polarice a lo largo de líneas raciales y borre toda esperanza de justicia en Sudáfrica. 
Tal cataclismo destruiría nuestro movimiento aquí; pondría en peligro el progreso logrado con gran esfuerzo en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos. 
Es por eso que Martin Luther King se me une como apoyador inicial para este LLAMADO A LA ACCIÓN. Es por ello que 130 dirigentes de todas partes del mundo han firmado este llamado a la acción..." [Appeal For Action Against Apartheid: Joint Statement by Chief Albert J. Luthuli and the Reverend Dr. Martin Luther King Jr. 1962]

Aquél año con el 61% de votos, estudiantes de la Universidad de Glasgow, en Escocia, lo eligieron a Lutuli como su rector universitario, cargo en el que se le consideró hasta 1965. Aunque Luthuli no pudo viajar a la universidad el día de su elección, siguió su lucha contra la discriminación racial en general y el apartheid en particular. En una entrevista comentaba:
"Desde que me volví Presidente General del Congreso Nacional Africano en 1952, he tenido tres de estas prohibiciones de detención impuestas en mí: la primera por un año, las dos siguientes, y la actual de cinco años, que expirará en 1964, y que me prohíbe viajar más allá de un radio de quince millas. 
En 1935, fui elegido Jefe de mi tribu; los zulúes desde hace algún tiempo han tenido el privilegio de elegir a los jefes. De vuelta en la década de 1840, un misionero norteamericano, el reverendo Aldin Grout, que convirtió a mi abuelo al cristianismo, fundó la estación de la misión de Groutville entre los zulúes, y pronto nuestro pueblo estaba clamando el derecho de elegir a su jefe. 
Después de haber asistido escuelas de las misiones locales y de las juntas, califiqué como profesor en Adams College, la escuela secundaria para africanos, fundada por la Misión Congregationalista Americana, donde durante muchos años enseñé clases en la formación docente, zulú, y la música, mi propia especialidad. La cultura zulú, muy definida en su propio derecho, también ha sido moldeada por el contacto con otras culturas en esta era moderna, cosa que es buena porque uno se expande mediante la mezcla con otros pueblos." [Entrevista con Studs Terkel, 1963; Reddy, 1992:258]
En la misma entrevista, le preguntaban "¿Siente que los blancos se sienten culpables de que su gobierno no pueda haber sido tan humano y democrático, como podría haber sido?". Ante esto, el líder contestó que lo siguiente:
"Sólo puedo esperar que lo sientan. Todos los líderes africanos que fueron antes de nosotros y que son ahora, han dicho que no tenemos ninguna intención de tomar represalias. Ya hemos tenido suficiente de contiendas. Todo lo que queremos es una existencia pacífica en la que todas las personas en el país vivan juntas. Algunos de nosotros hemos ido más allá al decir que si el gobierno de mañana fuera lo suficientemente democrático para darle voto a todos, y luego, el electorado eligiera a alguien como Alan Paton, o un indio, o cualquier otra persona, yo no diría, ¿Por qué eligió a un hombre blanco o un indio? 
Lo que estoy diciendo no es que deba haber necesariamente un hombre negro; lo que estoy diciendo es que es que debe haber un gobierno democrático. Eso es todo por lo que estoy luchando. No sólo hablo por mí mismo: es lo que todos deseamos, es lo que ha sido la postura de nuestro pueblo a lo largo del camino. Que el hombre blanco se deba ir, nunca ha sido nuestra idea. Pero mi temor ahora es que debido a la animosidad blanca, hay indicios de que las personas se están volviendo cada vez más impacientes, y algunos están diciendo: "Verán, si ustedes no escuchan a nuestros líderes o a nosotros, llegará el momento en el que vamos a decirle que tenemos nada que ver con ustedes." Esto es lo que temo. Ese tipo de situación no puede crear una existencia pacífica, mientras que, si en cambio, el hombre blanco hubise sido lo suficientemente amplio como para hacernos familia - incluso si hubiesemos sido en la mayoría - aún habríamos llevado a cabo las reglas de la familia. 
Cuando el hombre blanco trajo el cristianismo en África, no dijo, "Esto es el cristianismo del hombre blanco; habrá otro para los hombres negros." Si él no hace esta distinción en el cristianismo, entonces ¿por qué lo hacen en la democracia? ¿Por qué? La democracia es para todos. Perseguir a otras personas es una cosa malvada en cualquier gobierno, sea blanco o negro o mixto. 
África es muy en deuda con las misiones cristianas. Aunque en el proceso de tratar de cristianizarnos, los misioneros no tuvieron el suficiente cuidado de preservar ciertos valores en nuestra cultura que podrían haber sido incorporados a la vida moderna, me siento tan en deuda por el comienzo que las misiones cristianas dieron a los africanos, que tiendo a excusar algunas de sus debilidades. Para mí, su mayor contribución social fue cuando abrieron nuestros ojos a la educación, que ellos fueron los primeros en establecer en África. Hasta hace muy poco, nuestras escuelas eran escuelas de misiones; luego, llegó el Gobierno, añadiendo otras. Yo soy capaz de hablar a la Sudáfrica blanca porque los misioneros me hicieron ver. Después de todo, hay que recordar que en aquellos primeros días de misioneros, la gente no sólo se ocupaba de la conversión de los paganos, sino de la conversión, también de las personas en su propio territorio y país: esa era su misión, que trataban de lograr lo mejor que podían. 
¿No deberíamos entonces mirar en nuestro tiempo como una oportunidad para corregir algunos errores de los misioneros en lugar de tirarlos por la borda? Sin nosotros, su tarea estaría incompleta. Nuestro deber es completar su tarea."  [Entrevista con Studs Terkel, 1963; Reddy, 1992:265]

El entrevistador también le preguntó: "¿Qué sientes sobre el papel de la Iglesia y de los hombres de Dios, lo que ha sido y lo que puede ser?", y Lutuli contestó:
"Aunque me siento muy agradecido con las misiones cristianas, la Iglesia de hoy todavía puede jugar un papel más importante de lo que ha hecho. Se ha tendido a concentrar en lo que los clérigos consideran como asuntos espirituales, compartimentando la vida en categorías sociales, políticas y económicas. "Lo que nos interesa," dice la Iglesia, "es la vida espiritual de las personas;" con el resultado de que la Iglesia no ha hecho realmente demasiado.
La atención que la Iglesia le ha dado al desarrollo social de las personas ha sido insuficiente, y mucho menos atención a su desarrollo político. No estoy sugiriendo que deberíamos tener una Iglesia política, o que los ministros deban llegar a ser políticos. Estoy diciendo que el mensaje de Cristo es suficiente para hacer que la Iglesia resista con valentía y condene muchos actos de los gobiernos. Ese mensaje, válido para nuestros días, es suficiente sin que el ministro  se vuelva político. 
El apartheid es condenado con base a la doctrina de Cristo. De ahí es de donde mi crítica viene con mucha fuerza. A la Iglesia, yo le digo: "No tienes que volverte política; pero, a lo menos, tienes que representar ciertos principios cristianos y, al permanecer en ellos, sufrirás, pero, después de todo, tu Maestro sufrió." Si el cristianismo no se practica, ha de ser desechado; pero no debe ser desechado porque éste consolida los valores humanos que serán válidos para todos los tiempos." [Entrevista con Studs Terkel, 1963; Reddy, 1992:267]
Luthuli sería confinado nuevamente a 5 años de arresto domiciliario en mayo de 1964, pero, con todo, su influencia siguió muy presente en los años posteriores. Esos años agradeció todo el apoyo que había recibido de la organización "Christian Action" (Acción Cristiana), a quienes les escribió lo siguiente:


"En nombre del pueblo de Sudáfrica que sufre tanto de las malvadas consecuencias del apartheid, me gustaría expresarles mi más sincero agradecimiento y gratitud a todos en Gran Bretaña que, a través de Christian Action, nos han apoyado tan generosamente en la lucha por los derechos humanos y sus responsabilidades. La pesadilla del juicio por traición en la que muchos de nosotros, incluido yo mismo, participamos directamente, se habría vuelto intolerable si no hubieran venido a nuestro rescate. Con toda sinceridad puedo decirles que el Fondo de Ayuda y la Acción Cristiana en Defensa hicieron toda la diferencia para nosotros y para nuestras familias entre el morir de hambre y el vivir. Y no nos olvidamos de la ayuda de ustedes durante la emergencia después de Sharpeville y en tantas otras ocasiones. 
Pero la lucha continúa. Nuestras necesidades se mantienen siempre acuciantes. El Gobierno del Partido Nacionalista de Sudáfrica ha dejado claro que se intensificará el amordazamiento y cla ontención de todos los que se resisten a sus políticas raciales inhumanas y anti-cristianas. Nosotros, por nuestra parte, intentamos que, a pesar de la opresión, sigamos trabajando por una Sudáfrica no-racial en la que todas las personas, sin distinción de raza, color o credo, deben convivir en libertad, fraternidad y paz. Estamos dispuestos a pagar el precio. Pero es desgarrador cuando ese precio incluye sufrimiento y dificultades para las familias y, en particular, para los hijos de los que resisten. 
Así que no tengo ninguna duda en apelar a ustedes a través de Acción Cristiana para su apoyo a futuro. El dinero es una necesidad urgente para la defensa legal, para la ayuda a las víctimas de la opresión y para sus familias, y para garantizar, en la medida de lo posible, el desarrollo de una forma de vida democrática en Sudáfrica." [Message to the Reverend Canon L. John Collins. Christian Action, Londres. 1964. pp. 267-268]
En 1966, fue visitado por Robert F. Kennedy, quien trató de concientizar en su país sobre la situación en Sudáfrica. Fue nominado a la presidencia del Congreso Sudafricano de la Gente de Color, el Concilio Protestante de Nueva York le otorgó un Premio, la Autobiografía de Luthuli comenzó a circular por diversos países, y la Universidad de Glasgow renombró las becas en su nombre. Alguien que le conoció en sus últimos años de reclusión, comentaría:
"La cena era un asunto de familia. Se iniciaba con la oración. Albert le pedía a uno de los niños que trajeran la Biblia y libros de himnos. Después de la cena, a menudo cantabamos himnos...  
Era un predicador laico y un caballero cristiano a fondo. Me di cuenta de esto durante el tiempo en que fue prohibido y confinado en Lower Tugela. Él participaba en el servicio completo de la iglesia, el canto de himnos, la lectura de las Escrituras, la oración, la meditación, etc., mientras que la familia iba a la iglesia sólo en su sala de estar, Ninguno de los tratamientos no-cristianos impuestos en él le hicieron amargo o resentido" (Reddy, 1992:282;286).

Durante 15 años mas o menos, Luthuli sufrió de presión alta y tuvo un leve accidente cerebrovascular. A la edad de 69 años, murió cerca de su casa el 21 de julio de 1967, en un extraño accidente en el cual le arroyó un tren mientras caminaba por el Río Umvoti.

En 1968, se le otorgaría de forma póstuma el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, comenzaría a ser conmemorado cada 21 de julio por la Iglesia Episcopal Estadounidense, y en su memoria, se instituiría el Museo Luthuli en su pueblo natal.
"Como un cristiano practicante, el Jefe Luthuli genuina y sinceramente creía en el bienestar, la felicidad y la dignidad de todos los seres humanos. A causa de sus convicciones, sacrificó todas las perspectivas de ganancias personales y comodidades y dedicó su vida a la causa y al servicio de sus semejantes." (Reddy, 1992:272)
El Reverendo Martin Luther King Jr. le honró en su discurso ante el premio Nobel; pues había sido muy influido por su ejemplo, y decía "admirar su gran testimonio y su gran dedicación a la causa de la libertad y dignidad humana" (J.P. Morgan, 2014).

Nelson Mandela, quien también le honró en su discurso ante la Fundación Nobel, diría él:
"El Jefe Albert Luthuli era un hombre de sabiduría universal, y de integridad excepcional: un hombre de profunda compasión, motivado a la acción política por su profundo compromiso cristiano. El Congreso Nacional Africano se enorgullece hoy para ponerlo en la lista entre sus Presidentes" (cit. en Reddy, 1991:1).

Bibliografía

Biografías y vidas. Albert Luthuli. Enciclopedia biográfica en línea.
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/luthuli.htm

Boesak, Allan Aubrey. 2005. The Tenderness of Conscience: African Renaissance and the Spirituality of Politics. African Sun Media

Dictionary of African Christian Biography. Albert John Mvumbi Luthuli. DACB.  
http://www.dacb.org/stories/southafrica/mvumbi_johnalbert.html

Ellsberg, Robert.1997. All Saints: Daily Reflections on Saints, Prophets, and Witnesses for Our Time. New York. Crossroad.

Haberman, Frederick W. 1999. Peace, Volume 3. World Scientific.

Nystrom, Carolyn. 2011. Clouds of Witnesses: Christian Voices from Africa and Asia. ReadHowYouWant ISBN: 9781459621640

Pillay, Gerald J.. 1993.  Voices of Liberation: Albert Lutuli. HSRC Publishers 

Reddy, E. S. (1991), Speeches of Chief Albert John Luthuli (1898-1967)UWC Historical and Cultural Centre, Bellville. Madiba Publishers, Durban
http://www.sahistory.org.za/sites/default/files/Lutuli%20speeches.pdf

The King Center.  2014. Luthuli, A. J. (Albert John). JPMorgan Chase & Co. 
University of GlasgowAlbert Luthuli. The University of Glasgow Story

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