lunes, 4 de enero de 2016

¿Hasta no ver no creer?: El problema básico de la incredulidad


"Hasta no ver no creer" es el lema del escéptico postmoderno: aquél que necesita tocar para creer, o aquél que necesita ver para creer, porque, de otra manera, no cree. Una canción de un popular grupo moderno secular lo resume en la frase "Todo lo que tocas y todo lo que ves, es todo lo que tu vida llegará a ser". Pero, en realidad, ¿qué tan cierto es este lema, a la luz de la ciencia que busca la verdad? 

Lo que no vemos es más de lo que creemos

Hace algunos años, el astrofísico y cosmólogo Edward "Rocky" Kolb, entonces director del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Chicago y actual director de la División de Ciencias Físicas en la misma, declaró en una entrevista titulada "Invisible pero cierto", un sorprendente dato, que sin intenciones precisas de contradecir al hombre postmoderno, es útil para hacerlo, en cuanto afirma que los seres humanos solamente podemos llegamos a percibir con nuestros sentidos tan sólo el 5% de la realidad. Así lo estimó el científico, en su entrevista con Eduardo Punset, a quien le dijo que el otro 95% de la realidad es inperceptible para los sentidos. 

Sir Isaac Newton, quien vivió mucho antes que Kolb, estaba convencido de esta gran verdad, cuando al final de su vida declaró: "Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”; (e igualmente): "No sé lo que pueda parecerle al mundo, pero, en lo que a mi respecta, he sido un niño pequeño, que divirtiéndome en la playa, encontraba de tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo ordinario, mientras que el gran océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mi". 

Cuestionando lo que se conoce

El escéptico moderno suele decir orgullosamente que solamente cren en las cosas que son visibles a su limitada vista humana, o que solamente cree en las cosas tanglibles a su limitado tacto humano. Siente que necesita ver o sentir para corroborar, y hace así porque sobrepone la experiencia propia y/o el raciocinio propio, por encima de aquello que no conoce. En consecuencia, lo que no ha sentido, visto o tocado, lo cuestiona a pesar de que no lo conoce.

Esquema de la definición
clásica del conocimiento
(a proporciones reinterpretadas)
Muchos incrédulos tienen la buena intención de examinarlo todo, y esto es bueno de principio. Francis Bacon, el cristiano que fundó el método científico, reconocía la importancia de examinarlo todo, pues este es un mandato bíblico (1 Tes 5:21).  

Sin embargo, lo malo llega cuando se tiene la pretensión de cuestionar a todos; sin cuestionarse a sí mismos. El problema no es que cuestionen todo; el problema es que no cuestionan su propio dogma (la incredulidad); y muchos parecen cuestionar las interpretaciones de todos los demás, pero nunca parecen cuestionar sus propias interpretaciones.

Sin embargo, los Creyentes Intelectuales entendían que la incredulidad incuestionable podía llegar a ser un gran mal intelectual, dado que los descubrimientos de cosas invisibles e intangibles, pero fundamentales, han sido posibles gracias a la inferencia de que existen cosas que están por encima de los sentidos, y esta deducción se hace a partir de la fe que se tiene en un orden establecido del universo.

Más allá del conocimiento sensorial

El problema básico con la incredulidad 'sensitiva' es que nuestra capacidad de raciocinio nos da mucho más para saber que no todo lo que conocemos proviene del conocimiento sensorial. De hecho, si sólo creyéramos en lo que nuestros ojos ven o nuestras manos tocan, nos perderíamos de la mayor parte de la realidad, solo por una presunción bastante egocentrista (por no decir arrogante). 

El Reverendo John Mitchell de Thornhill, responsable de haber descubierto que en el cosmos existen los hoyos negros, comentó, por ejempo, que "No vemos a quien dejó las huellas en la arena, sin embargo, sabemos que alguien estuvo allí". 

Albert Einstein, por su parte, también dijo que "La materia es real para mis sentidos, pero éstos no son dignos de  mi [plena] confianza. Si Galileo o Copérnico hubieran aceptado lo que veían, nunca hubieran descubierto el movimiento de la Tierra y los planetas".

Nadie realmente toma esa actitud de "hasta no ver, no creer": en realidad es sólo una pretensión hipócrita de los incrédulos, pues, de otra manera, los tales no creerían en la existencia del aire, la gravedad, las ondas magnéticas, la electricidad, los átomos, los electrones, el lado oscuro de la luna, las partes no exploradas del universo, y las experiencias de ninguna otra persona (incluído lo dicho por otros científicos). Tampoco creerían (como las vidas de algunos lo testifican) en el amor, la justicia, la empatía; el pasado, el futuro; la esperanza, el esfuerzo, la ética, el bien, y muchas otras cosas

Uno debe darse cuenta de que a muchas verdades y conceptos de la realidad no se les ve caminando por la calle; no obstante, siguen siendo lo que son. Uno debe llegar a darse cuenta de su inmensa pequeñez y de la grandeza del universo, como enseñó Pascal. O, como Antoine de Saint-Exupéry escribió en su libro más destacada, que "lo esencial es invisible para los ojos"


Hace casi 2,000 años, los fariseos y otros religiosos como los saduceos (quienes no creían en la vida después de la muerte o en el espíritu), vivieron en el tiempo de Jesús de Nazaret, quien comenzó un llamativo ministerio explicando verdades fundamentales sobre los planes de Dios para la vida humana y la manera espiritual en la que el hombre debe vivir, pero ellos sentían que ya habían visto lo que necesitaban y no necesitaban buscar más. Jesús les dijo: "Si ustedes fuesen ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, porque dicen: 'Vemos', vuestro pecado permanece" (Juan 9:41). 

La incredulidad no sólo es una limitante del conocimiento humano: es también un mal moral ante Dios, cuando no se creen las cosas que Dios ha revelado. Dios, que es omnisciente, conoce ese 95% de verdades que el ser humano no conoce, y quiere dar a conocer lo que es necesario para conocerle. Pero, de acuerdo a Jesús, la incredulidad es un estado que no solo llevaría a un estado de desviación mental, sino también de perversión espiritual. 

El evangelio y las antiguas profecías judías dicen que después de ser crucificado y haber muerto, Jesús revivió; pero uno de los discípulos de Jesús (Tomás), no creía que Jesús hubiese resucitado. La Biblia dice que los otros discípulos le decían: "¡Hemos visto al Señor!", y las pruebas materiales allí estaban también, no obstante, él les dijo: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré" (Juan 20:25). 

Días más tarde, Jesús se apareció ante sus discípulos de nuevo y esta vez Tomás estaba allí, y Él le dijo: "Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente..." (Juan 20:27)

Al igual que Tomás, el incrédulo de hoy en día también dice jactansiosamente: "si no veo el Reino de Dios, no creeré". Sin embargo, la Biblia voltea la condición afirmando que los incrédulos no podrán ver el Reino de Dios (1 Corintios 6:9; Apocalipsis 21:8).

El libro de Gálatas 5:22-23 nos dice que algunas de las obras del Espíritu de Dios son "el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre, el dominio propio". 

El incrédulo moderno dice no ver el reino de Dios. Pero los que creemos en Jesucristo hemos sido salvados "al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (2 Corintios 4:18). Jesús les responde al Tomás moderno: "Bienaventurados los que no vieron, y creyeron" (Juan 20:29).

2 comentarios:

  1. Gracias a Dios por tu vida, espero que te siga llenando de sabiduría y conocimiento :)

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  2. NOSOTROS LOS CREYENTES, " CREEMOS Y LUEGO VEMOS"👍 Y LOS GENTILES " ven y luego creen"👎

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