jueves, 6 de noviembre de 2014

Richard Jones: "Las capillas de la ciencia: evidencia de la presencia y el poder de la Deidad"

El Reverendo Richard Jones (1790-1855) fue un sobresaliente economista británico del siglo XIV. Perteneciente a la histórica escuela inglesa de economía, fue un experto en la economía política y un crítico de las percepciones teóricas de David Ricardo y Thomas Malthus sobre la renta económica y la población. 

Fue uno de los miembros fundadores de la Real Sociedad Estadística de Londres, junto a sus amigos Charles Babbage y Adolphe Quetelet, y junto a los Reverendos científicos William Whewell y Thomas Malthus. La Real Sociedad Estadística (Royal Statistical Society), sigue siendo hasta hoy en día un organismo de eruditos y profesionales de la estadística y la caridad que promueven la estadística para los asuntos públicos.

Hijo de un abogado, Jones parecía destinado a la profesión legal, y fue inscrito al Gonville and Caius College de la Universidad de Cambridge. No obstante, después de una dura enfermedad, Jones dejó los estudios y poco después se ordenó como clérigo, predicando por siete años en Iglesias anglicanas de Sussex y Kent.

En 1831, publicó "Un ensayo sobre la distribución de la riqueza y las fuentes de tributación", y dos años después, fue nombrado profesor de economía política en el King's College de la Universidad de Londres, donde pronunció un discurso que publicó como "Una conferencia introductoria sobre la política económica" (1833). Allí, escribió: 
"Caballeros, espero que nunca olvidaremos en este lugar las elocuentes palabras de ese padre de nuestra iglesia que por primera vez invocó una bendición sobre nuestra promesa; él nos dijo, que era "el designio de aquellos que fundaron este colegio el erigir las capillas de la ciencia y la literatura dentro de recintos del santuario;" y confío en que nosotros, humildes instrumentos para efectuar tan elevados propósitos, siempre seamos los más enérgicos y valientes en nuestros esfuerzos, al sentir que esa luz que el hombre gana por el ejercicio de las facultades que Dios le ha brindado, dirigida hacia el conocimiento como ha sido capaz de obtener, es verdaderamente luz del cielo; y que cada rayo que ilumina la mente que indaga, en su progreso hacia la verdad, lleva en ella evidencia de la presencia y el poder de la Deidad." (Jones, 1833:40)
Dos años después, Jones sucedió a Thomas Malthus en la cátedra de política económica e historia en el Colegio de la Compañía de Indias Orientales, institución de educación superior en la que trabajó hasta el año de su muerte.

En el campo de la religión, Richard Jones dejó pasmadas algunas de sus creencias en otro ensayo de 1831, donde recordó los problemas y la ignominia del sistema económico de la Grecia antigua que estaba basado en un esclavismo aprobado incluso por filósofos como Aristóteles. Jones, protestando contra este sistema, llamaba a aplicar la Regla de Oro de Cristo en la sociedad, y pedía la retribución debida a cada persona por su trabajo, conforme al Evangelio:
"Me parece, que no debería haber hombre legalmente sumiso a algo, sino solo a Dios, y a su rey, y príncipe, como nuestro himno: "Quia deus non facit exceptionem personarum," Porque Dios no hace acepción de personas. Por lo cual, sería una acción caritativa de todo hombre noble tanto espiritual como temporal, el hacer a los demás como ellos quisieran que se les hiciera a sí mismo, y el liberar de la servidumbre a aquellos que están encadenados, y el hacerlos libres en cuerpo y alma, reservando a ellos sus propias rentas, encargos, y servicios de tiempo antiguo y acostumbrado, de forma que ellos puedan obtener las oraciones de su gente, la remisión de sus ofensas, como en el evangelio. "Eadem mesura, qua metiti, fueritis, metietur vobis." [con la medida con que medís, os volverán a medir] (Jones, 1831:24). 
Más tarde, Richard Jones fue comisionado para un sector de caridad, y en 1838 escribió sus "Comentarios sobre la manera en que el diezmo debía ser repartido para parte de los pobres.

Después de su muerte su publicaron sus "Restos literarios: discursos y tratados de economía política, por el fallecido Reverendo Richard Jones" (1859), con un prefacio de William Whewell. En esta obra, Jones habla de un "producto superávit", o valor excedente, que a menudo es, de forma errónea, enteramente atribuido a Marx. Sin embargo, Jones, hace un análisis económico donde ya hablaba de la relación entre consumo, salario y pérdidas o ganancias. Al referirse a las "Excesivas exacciones (limitaciones) impuestas por los gobernantes", el reverendo hizo un recuento histórico donde recordaba el sistema implementado por el Rey Salomón en la Biblia, y lo contrastaba con las dañinas monarquías que implementan excesivas restricciones a sus pueblos, frenando los medios de producción:
"En casos excepcionales, raramente extendidos a una porción considerable de la porción de su superficie, la tierra, por una amable provisión del Creador, hace que la labor de la familia rinda más de lo que es suficiente para mantener a la familia y continuar su propia cultivación. Este exceso podemos llamar "producto superávit" [producto excedente] (no debe confundirse esto con exceso de ganancias de capital, que viene siendo otra cosa). 
El producto completo del monarca o del Estado puede apropiarse sin detener el cultivo, y por los gobernantes nativos de Asia ha sido apropiado. En periodos muy remotos, la investigación histórica señala vagamente la existencia de uno de los sacerdocios más poderosos, cuya útil oficina era proteger al agricultor de la violencia de bárbaras tribus guerreras y de la opresión del monarca. Para efectuar este último propósito, ellos establecían algunos límites a la cuota del monarca, el cual no debía sobrepasarse para provocar la ira del cielo. Pero en el transcurso del tiempo la autoridad secular de estos sacerdotes o desapareció por completo, o se volvió demasiado débil como para soportar los requisitos del soberano, interviniendo en sus necesidades y confiando en su poder. 
Tal vez, la escena más llamativa del progreso rápido, y en verdad, inevitable, de las demandas reales se halla en nuestras propias Escrituras. Los judíos, sabemos, descontentos con la forma de gobierno instituido para ellos por el Todopoderoso, demandaron tener un rey que los guiara a luchar como sus vecinos. Su petición fue concedida, no sin represión y advertencia. Su tercer rey, Salomón, fue un magnífico y poderoso monarca. Su corte era de una escala de lujosa grandeza, sus ejércitos eran numerosos, y sus edificios, además del templo glorioso, eran magníficos y costosos. La gente, no estando preparada para un estado semejante de cosas debido a su formación anterior a la monarquía, se vio obligada a suministrar su casa y ejércitos con el producto de sus tierras.  
Muy semejante es el progreso normal de las exacciones derivadas de un cuerpo de cultivadores sujetos. Hay un límite, sin embargo, a los ingresos que se pueden retorcer continuamente a partir de éstos, y los gobiernos de Oriente, a través de la negligencia y la codicia, están presionando constantemente en ese límite, y ambos infligen a los demás, y sufriendo ellos mismos, todas las consecuencias desastrosas de esa presión. 
Cuando no existen ni los capitalistas, ni un cuerpo de trabajadores pagados por los capitalistas, el cultivo depende enteramente de los propios trabajadores, y si éstos desaparecen, el cultivo necesariamente cesará. Pero está claro que habrán de desaparecer, más o menos rápidamente, si las exacciones sobre ellos son tan grandes como para no dejarles suficiente para mantenerse a sí mismos y a una familia que los pueda sustituir, después de su muerte, en la tarea de cultivo.  
Pero, sin suponer que los números de cultivadores se reduzcan, se debe recordar que el producto depende principalmente de la eficiencia de su cultivo. Un cierto grado de habilidad y algunos aparatos sencillos en la forma de aperos, semillas, y tal vez, ganado, son necesarios para que puedan continuar con el grueso cultivo de sus antepasados. Si las limitaciones del Estado son tan grandes como para dañar los instrumentos de la producción, puede que la población no desaparezca, pero van a producir cada vez menos y menos, y los ingresos, de los cuales sería imposible demandar, sin destruirlos, al mismo tiempo, se volverán menos." (Jones, 1859:121-123).
La postura económica de Jones estaba basada en el método inductivo, con conclusiones fundadas en amplia observación de hechos contemporáneos, ayudado por el estudio de la historia. Aunque respetaba a Malthus, Jones negó que el aumento de los medios de subsistencia deriva en un aumento de población como consecuencia necesaria. En vez de ello, sostenía que con el crecimiento de población en todos los estados bien gobernados y prósperos, y la ayuda de medidas técnicas efectivas, la regulación sobre los alimentos aumenta en vez de disminuir. 

Bibliografía

Jones, Richard, 1833. An introductory lecture on political economy. To which is added a syllabus of a course of lectures on the wages of labor. John Murray.

Jones, Richard. 1831. An essay on the distribution of wealth, and on the sources of taxation. John Murray.

Jones, Richard. 1859. Literary remains, consisting of lectures and tracts on political economy of the late Rev. Richard Jones, ed. William Whewell. London : John Murray, 1859.

New World Encyclopedia. Richard Jones (economist).
http://www.newworldencyclopedia.org/entry/Richard_Jones_(economist)

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