viernes, 9 de agosto de 2013

Adolfo Perez Esquivel: "Por fe en Cristo debemos aportar nuestro esfuerzo"


Adolfo Pérez Esquivel (1931-) es un activista de los derechos humanos, educador, pintor y escultor argentino. Fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1980, por su trabajo en Defensa de los Derechos Humanos en América Latina. 
Adolfo Pérez declaró no recibir el Premio como un título personal sino más bien recibirlo:
"…en nombre de los pueblos de América Latina, y de manera muy particular de mis hermanos los más pobres y pequeños, porque son ellos los más amados por Dios; en nombre de ellos, mis hermanos indígenas, los campesinos, los obreros, los jóvenes, los miles de religiosos y hombres de buena voluntad que renunciando a sus privilegios comparten la vida y camino de los pobres y luchan por construir una nueva sociedad."

Biografía

Esquivel estudió en la Universidad Nacional de La Plata, donde se formó como pintor y escultor.  Después fue nombrado profesor de arquitectura comenzó a enseñar en todos los niveles educativos. Por más de 25 años ejerció la docencia en instituciones que incluyen la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata, y la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano.

Durante la década de 1960, Esquivel comenzó a trabajar con grupos pacifistas cristianos latinoamericanos. En 1974 renunció a su puesto como profesor y fue elegido como coordinador general para una red de comunidades de América Latina basada en la promoción de la liberación de los pobres a través de medios no-violentos. El diario periodístico GPS ha escrito al respecto:
"Profundamente cristiano y combativo, había abandonado años antes su vocación artística para dedicarse a la causa de la paz en Hispanoamérica, sufriendo persecuciones por sus ideas pacifistas y por trabajar, desde los sesenta, en movimientos cristianos en favor de los pobres."
Su activismo destacó desde entonces por representar campañas internacionales para denunciar las atrocidades cometidas por los regímenes militares y la violencia, y presentar las soluciones pacíficas necesarias.

En agosto de 1977 fue detenido en Buenos Aires por la Policía Federal Argentina; fue encarcelado y torturado injustamente, y permaneció en prisión durante 14 meses en el tiempo de la dictadura. Sería en la cárcel donde comprendería una gran frase de Jesucristo: "Señor, perdónalos. No saben lo que hacen:"




Desde 1974 es líder de la Organización Pacifista "Servicio Paz y Justicia" (SERPAJ), y desde septiembre de 1998 es Titular de la Cátedra de "Cultura para la Paz y los Derechos Humanos", en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Su fe cristiana

Durante su infancia, Pérez Esquivel fue enviado a una escuela de Franciscanos con doctrinas de carácter católico y tradicional, pero con el tiempo llegó a cuestionarlas; 
"Tuve que hacer toda una relectura del Evangelio, redescubrir la dimensión espiritual a través de lecturas y conversaciones."
Esquivel llegó a aprender que el evangelio se trata no solo de decir sino de hacer, y de que "la fe no la podemos vivir sectariamente, sino que tenemos que compartirla."


En febrero de 2001, se le presentó a Esquivel la siguiente pregunta:
<Usted fue encarcelado en 1977 por su oposición al gobierno argentino, ¿que lo sustentó a través de la prisión y a través de la tortura que soportó?>
Perez Esquivel respondió:
“Para mí, la oración fue muy importante, y la experiencia de comenzar a entender la fe desde la experiencia del sufrimiento y a través de una experiencia de dolor. . .
Fue un tiempo de muchas preguntas porque los que me estaban torturando, por ejemplo, también se llamaban a sí mismos "cristianos". Y todos los crímenes que cometieron, los encomendaron en nombre de la defensa de la llamada "civilización occidental cristiana".
Otra experiencia que fue muy difícil para mí, que tomó mucho tiempo para que yo fuera capaz de tratarla, se refleja en las palabras de Cristo cuando es juzgado y condenado a la cruz. Él dice: Perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen’. 
Me tomó mucho tiempo, y mucha reflexión, ser capaz de ver lo que pienso que Cristo estaba diciendo, como le decía a estas personas que me torturaron a mí y a otros, que no entienden que el hombre o la mujer que están torturando es su propia hermana, o su propio hermano.” (Perez Esquivel, citado en Bledsoe 2001).
En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, el Profesor Pérez Esquivel expresó sus siguientes principios:
"Nuestras manos quieren tener el lenguaje del hombre que trabaja y sumarse al esfuerzo por la construcción de un nuevo mundo solidario, fundado en el Amor, en la Justicia, en la Libertad y en la Verdad. 
Nuestro análisis es una consecuencia directa de este compromiso, nuestra práctica es la prédica y la acción no-violenta evangélica. 
Esto es, un espíritu y un método, la fuerza participativa de lucha, al alcance de los más pequeños, que son los elegidos de nuestro Señor que los anima con su espíritu a unirse y organizarse para gestar su propia liberación. Es así, que de esta perspectiva hemos encarado nuestro trabajo en América Latina...  

El cristiano precisa actuar.

Actuar, no bajo el convencimiento de que, por ser cristiano, posee la llave de los secretos de los problemas sociales, o porque sabe extraer del Evangelio modelos infalibles para transformar todas las situaciones.

El cristiano debe actuar junto a todos los hombres de buena voluntad, aportando su esfuerzo humilde en la construcción de un mundo más justo y humano. 
Nuestras manos quieren tener el lenguaje del hombre que trabaja y sumarse al esfuerzo por la construcción de un nuevo mundo solidario, fundado en el Amor, en la Justicia, en la Libertad y en la Verdad.

Nuestro análisis es una consecuencia directa de este compromiso, nuestra práctica es la prédica y la acción no-violenta evangélica. Esto es, un espíritu y un método, la fuerza participativa de lucha, al alcance de los más pequeños, que son los elegidos de nuestro Señor que los anima con su espíritu a unirse y organizarse para gestar su propia liberación. Es así, que de esta perspectiva hemos encarado nuestro trabajo en América Latina.
Estoy convencido que la opción de la fuerza evangélica de la no-violencia se abre como un desafío y a perspectivas nuevas y radicales. Una opción que prioriza un valor esencial y entrañablemente cristiano: la dignidad del Hombre, la sagrada trascendente e irrenunciable dignidad del hombre que le viene del hecho primordial de ser hijo de Dios y hermano en Cristo y por lo tanto hermano nuestro.  
En estos largos años de lucha a través del Servicio Paz y Justicia en América Latina compartimos el camino junto a los más pobres y necesitados." (Perez Esquivel 1981, Discurso de Aceptación del Premio Nobel).
“Para nosotros la libertad es esa facultad inalienable que todos los seres humanos tienen iguales a su disposición. Esta es la capacidad que permite la construcción de la comunión y la participación que motiva a los seres humanos a que se relacionen plenamente con el mundo, con sus hermanos y con Dios.” (Perez Esquivel 1981, Discurso de Aceptación del Premio Nobel).
 “Les hablo teniendo ante mis ojos el recuerdo vivo de los rostros de mis hermanos, 
los trabajadores, obreros y campesinos que son reducidos a niveles de vida infrahumana y limitados sus derechos sindicales,
del rostro de los niños que padecen desnutrición, de los jóvenes que ven frustradas sus esperanzas,  de los marginados urbanos, de nuestros indígenas,  de las madres que buscan sus hijos desaparecidos, de los desaparecidos, muchos de ellos niños, de miles de exiliados, de los Pueblos que reclaman libertad y Justicia para todos.
Pero pese a tanto dolor vivo la Esperanza porque siento que América Latina es un continente puesto de pie, que podrán demorar su liberación, pero nunca impedir. 
 
Vivimos la Esperanza porque creemos, como San Pablo, que el amor nunca muere y que el hombre, en el proceso histórico, ha ido creando enclaves de Amor con la práctica activa de su solidaridad en todo el mundo hacia la liberación integral del hombre y los pueblos. 
Para mí es esencial tener la serenidad interior de la oración para escuchar el silencio de Dios, que nos dice en nuestra vida personal y en el signo de la historia de nuestro tiempo de la fuerza del Amor. 
Y es por esa fe en Cristo y en los hombres que debemos aportar nuestro esfuerzo humilde en la construcción de un mundo más justo y humano. Y quiero afirmarlo con énfasis: Ese mundo es posible.
Y para construir esa nueva sociedad debemos estar con las manos abiertas, fraternas, sin odios, sin rencores, para alcanzar la reconciliación y la Paz, pero con mucha firmeza, sin claudicaciones en defensa de la Verdad y la Justicia. 
Porque sé que nadie puede sembrar con los puños cerrados. Para sembrar es necesario abrir las manos.” (Perez Esquivel 1981, Discurso de Aceptación del Premio Nobel).
Al igual que Martin Luther King Jr, Esquivel citó versículos bíblicos al recibir el Premio Nobel: 
"Vivo la esperanza que seguramente comparto con muchos hombres. Confío que un día nuestro cotidiano esfuerzo tendrá su recompensa. Estamos construyendo, sirviendo al plan del Señor, aquello que el profeta Isaías nos prometiera cuando dijo:

El Señor gobernará las Naciones y enderezará a la humanidad; harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas. Una Nación no levantará su espada contra otra y no se adiestrarán para la guerra." (Perez Esquivel 1981, Discurso de Aceptación del Premio Nobel; Citando Miqueas 4:3).
Esquivel concluyó su discurso citando las palabras de Jesucristo;
"Invocando la fuerza de Cristo, nuestro Señor, como nos enseñaba en el Sermón de la Montaña... quiero compartir con todos ustedes con mi pueblo y el mundo:
"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos, Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra, Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia, Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios, Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios, Bienaventurados los perseguidos por la causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos, Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros." (Mateo 5, 1-12)
Reciban mi profundo agradecimiento y deseos de Paz y Bien." (Perez Esquivel 1981, Discurso de Aceptación del Premio Nobel).

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